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Entrevista a Christian Felber: La gestión de personas en la economía del bien común

“Hoy, las empresas más ‘pasotas’ en términos éticos tienen menos costes y, por tanto, más ventajas competitivas”

  • 23-6-2020 |

    Miguel Bertojo

  • En un momento especialmente delicado de crisis global, no solo económica sino también de valores, quizá sea oportuna una reflexión sosegada sobre la conveniencia de otros patrones más sostenibles que incluyan, además, tópicos como la organización, el liderazgo, la gestión de personas… Como la Economía del bien común (1) , el modelo de trasfondo ético, abierto, alternativo (2) , que propugna el experto en economía sostenible y alternativas en mercados financieros Christian Felber (3) , con el apoyo tanto expreso como tácito de un importante número de instituciones, empresas y entidades.

Un modelo en el que efectivamente prevalezcan «los valores que rigen desde siempre las relaciones humanas: dignidad, empatía, honestidad, confianza, cooperación, solidaridad, justicia social…», confirma el propio Felber. «Principios éticos que, por otra parte, animan cualquier constitución democrática».

Pregunta.- ¿De qué se trata a la postre?

Christian Felber.- De reorientar la economía real en la que priman afán de lucro, el beneficio o la competencia —valores dominantes en la formación económica y en la gestión de las empresas a pesar de que no haya filosofía, religión o constitución que los avale—, hacia valores éticos y democráticos. En lugar de medir el éxito según indicadores financieros y/o monetarios, nuestro modelo mide el éxito según objetivos sociales y ecológicos. Y el cambio empieza por sustituir el Producto Interior Bruto (PIB) como unidad de medida de la riqueza por otro indicador: el Producto del Bien Común (PBC), democráticamente agregado (4) .

En 2016, el Gobierno Alemán (5) hizo una encuesta representativa sobre si seguir con el PIB como referente de la política económica y social, o reemplazarlo por otro indicador más amplio que midiese el nivel de bienestar y calidad de vida, semejante al de la Felicidad Nacional Bruta (FNB) vigente en Bután (6) . Solo el 18% de los alemanes optó por seguir con el PIB. Por el contrario, el 67% prefirió reemplazarlo…

P.- ¿Es hoy la ética algo ya inexcusable en la economía?

CF.- ¡Indudablemente! Pero siempre lo ha sido… Desde los antiguos griegos, la ética siempre fue el fundamento del pensamiento económico. Tan solo desde 1870 la corriente neoclásica de la ciencia económica -hoy, desgraciadamente, absolutamente predominante- se desvió de esta tradición de milenios y separó ética y economía. Un ejemplo ilustrador: La London School of Economics rechazó una cátedra de Ética de Negocios gratuita por no ver una conexión entre las dos. Olvidan que el padre de la economía nacional, Adam Smith, no era economista sino filósofo moral…

Medir el éxito en términos de acumulación de medios es un error de método. Por eso hemos desarrollado el Producto del Bien Común (PBC), el Balance del Bien Común (BBC) y el Examen del Bien Común (EBC), para medir, respectivamente, el éxito de la economía nacional, de una empresa o de una inversión. El BBC muestra cómo y cuánto «vive» de verdad una empresa esos valores; es decir, qué produce y cómo, incluidas las condiciones de trabajo o la calidad de las relaciones laborales; si es ecológicamente sostenible, o si su compromiso con proveedores y clientes es realmente transparente y solidario.

La idea es compensar a las empresas que tengan esa praxis —y que, además, contribuyan a resolver los grandes problemas sociales, ecológicos…—, otorgándoles puntos que les deparen ciertas ventajas para perdurar en la economía real. Sería entonces un mercado realmente libre: la libertad va necesariamente unida a la ética, la dignidad, la justicia, la solidaridad y la democracia: solo así se puede hablar de libertad plena en sentido holístico. Además, se materializaría así el sueño de Adam Smith, cuando dijo que el éxito de la empresa representaba al mismo tiempo el éxito de la sociedad.

Hoy, las empresas más «pasotas» en términos éticos tienen menos costes y, por tanto, más ventajas competitivas. ¡Absurdo, pero…! Para corregir tal situación, las éticas tendrían que ofrecer productos y/o servicios a precios más accesibles. Así pues, el resultado del BBC se podría vincular a exenciones fiscales y/o arancelarias, a preferencia en contrataciones públicas, a condiciones crediticias favorables, en lo posible en bancos y bolsas del bien común…

P.- ¿Qué es clave por tanto en su noción del bien común?

CF.- El núcleo del concepto es la reorientación de la economía hacia un nuevo —y a la vez muy, muy antiguo— fin: el bien común. Así figura más o menos explícito en las constituciones de países democráticos. La de Baviera dice textualmente: «La actividad económica, en su conjunto, sirve al bien común». La actual española de 1978, en su preámbulo describe que el Estado «promueve el bien de cuantos la integran», es decir el bien común; y en el capítulo sobre economía dice que «la riqueza del país y la propiedad de las empresas están subordinadas al interés general», sinónimo de bien común.

No hay constitución que exprese otro propósito para la actividad económica; y, menos aún, que el retorno sobre las inversiones, el beneficio financiero o el incremento de capital sean los objetivos de una sociedad democrática. Son por tanto solo medios que deben estar subordinados al bien común. Nuestro modelo propone ese ajuste con respecto a la actividad económica como alternativa tanto al socialismo como al capitalismo salvaje —sinónimo hoy de oligarquía y plutocracia—, que no ha cesado de socavar la democracia.

Aristóteles ya definió en su Política (7) «oikonomía» como el conjunto de normas, leyes o costumbres que rigen la administración de los bienes domésticos, con un objetivo: el bien común, «la buena vida», «la sociedad justa»… El dinero solo es un medio. Sin embargo, cuando deviene objetivo —algo antinatural por otra parte—, por definición no es economía sino «chrematistiké», crematística (8) : el arte de incrementar capital (bienes, riqueza o dinero), de enriquecerse. En contraposición a la «economía», el capitalismo mide el éxito con indicadores financieros y monetarios, como PIB, beneficios… Capitalismo y economía son contrarios: es el lúcido mensaje de Aristóteles.

Austria y Alemania hicieron hace unos años una encuesta a sus ciudadanos, la misma en ambos países, sobre un eventual cambio del modelo económico por otro menos desigual y más justo socialmente. En Alemania, el 88% contestó que sí; mientras que en Austria lo hizo el 90%… A pesar de que estamos mejor que nunca según los indicadores crematísticos, estamos peor en cuanto a valores esenciales: estabilidad ecológica, confianza y solidez del tejido social, calidad de vida…

Una empresa exitosa desde la perspectiva crematística puede ser altamente destructiva en términos ecológicos, sociales y democráticos

P.- Parece como si los textos constitucionales careciesen de valor…

CF.- Se suele argumentar que es papel mojado y que la ciudadanía opina de otro modo. ¡Pues comprobémoslo y que el pueblo soberano decida! Y si el resultado es que la acumulación de capital debe ser el objetivo superpuesto de la economía, pues a seguir con ese patrón de medición del éxito. ¡Pero ojo que habría que cambiar las constituciones, puesto que los estados estarían promoviendo el bienestar del capital, y el interés general estaría subordinándose a la propiedad! Por el contrario, si los ciudadanos están conformes con sus postulados originales…

Lo mismo cabe decir sobre la relación entre el éxito de una empresa y el del conjunto de la sociedad. Actualmente no es fiable del todo, una empresa exitosa desde la perspectiva crematística puede ser altamente destructiva en términos ecológicos, sociales y democráticos. En un entorno económico del bien común, muy al contrario, solo las empresas sociales y solidarias, sostenibles, responsables y éticas podrían existir…

P.- ¿Por cierto, nociones como RSE o RSC estarían de más, es así?

CF.- Serían redundantes. Si el objetivo fuese la contribución al bien común, sería intrínseco: una empresa sería per se social, ecológica, democrática y, por supuesto, responsable en términos éticos. Hoy, sin embargo, es necesario semejante discurso: la RSC suele ser un puro lavado de imagen en el peor de los casos, y entre complementario y contradictorio a su bottom line en el mejor.

Hoy por hoy, buena parte de las empresas, especialmente las grandes sociedades anónimas que cotizan en bolsa y operan a nivel global, persiguen en primer lugar objetivos financieros. Por eso hace falta que la ley les obligue a realizar un BBC, que incentive la toma progresiva de responsabilidad social, ecológica y ética.

P.- ¿Qué efectos tiene de hecho el BBC en las organizaciones?

CF.- En primer lugar, en su clima laboral. Uno de los bienes culturales más valiosos es la confianza, que se fundamenta en la transparencia, el respeto y la cooperación. Así pues, en una empresa que presuma de estos valores, el BBC mide en qué grado los «vive» realmente. El modelo está matematizado para obtener resultados cuantitativos sobre su esfuerzo —y su rendimiento— ético.

P.- ¿Y en lo que respecta a los empleados?

CF.- Sin duda, una mayor satisfacción emocional, más motivación e, incluso, un incremento de la productividad, consecuencia de un mayor bienestar social, emocional y físico. Está científicamente probado que los «valores relacionales» como el aprecio, el respeto o la cooperación -factores intrínsecos- propician que las relaciones florezcan. La neurobiología ha puesto ya de manifiesto que las buenas relaciones son garantes de la motivación o el rendimiento; y no el egoísmo, la competencia o el dinero: factores de motivación extrínsecos que, por definición, son más endebles.

P.- ¿Y qué papel tendrían los managers de RR.HH?

CF.- Si atendemos a la etología, hay distintos modelos; sin embargo, en muchas especies animales con estructura social siempre hay uno(a) que cuida el bien común, que procura sustento para la manada o colonia, intuye el peligro, media en conflictos… El liderazgo puede ser egoísta, propio de macho alfa, o altruista: el que mejor entiende el bien común y cuida la salud grupal: tenemos por tanto un dilema y una decisión de valores…

Así que los líderes no se evaluarían en primer término conforme a los resultados financieros, sino conforme a los resultados del BBC. Aun así, un responsable de RR.HH selecciona a las personas, las forma, las conciencia, y también las despide… A diferencia del modelo McKinsey, en una organización ética proteger el bien común supone sancionar a quienes rompan las reglas de la transparencia, la justicia, la cooperación o la protección del clima y de la vida.

En un entorno económico del bien común solo las empresas sociales y solidarias, sostenibles, responsables y éticas podrían existir…

P.- ¿Y cómo afectaría a la propia gestión de personas?

CF.- Cultivamos la escucha profunda, hacia el interior de cada persona y hacia el alma de la organización. La experiencia es que esto no solamente promueve la autenticidad —todo un condicionante de la salud emocional de los individuos—, sino también la sabiduría colectiva en cuanto al desarrollo organizacional y a su estrategia. Créase o no, las estrategias más coherentes e inteligentes emergen desde la escucha profunda.

El desarrollo de esta cultura empieza con pasos muy prosaicos: En una empresa pionera de la EBC, el propietario por costumbre tomaba las decisiones y cada cual, feliz o no, las ejecutaba. Gracias al BBC, la plantilla celebró una asamblea y opinó sobre cómo hacer las cosas. El «jefe» prefirió una idea de la plantilla a la suya porque sencillamente le convenció y, además, tuvo éxito… Hoy de hecho comparte la propiedad.

P.- ¿Y los sindicatos…?

CF.- Esencialmente, su papel sería el mismo que hoy: si hay centenares o miles de trabajadores empleados en una organización, alguien tiene que representarlos. Como el bien común incluye el planeta tendrán que asumir por un lado mayor conciencia ecológica; por otro, que la ideología de la competitividad entre empresas dará paso gradualmente a un espíritu global de cooperación y de búsqueda conjunta de soluciones para responder a las necesidades de las personas.

Tal es, por cierto, el significado literal de «competir» —del latín tardío competere—, «esforzarse conjuntamente» y «buscar juntos»; es decir, que creatividad y cooperación son parte del concepto de competencia. El término que expresaría lo que ha sucedido en los últimos tiempos es «contrapetir», no competir. Lamentablemente, en las últimas décadas de progresiva globalización, los sindicatos han asimilado hasta cierto punto esa ideología de la «competencia universal».

Por último, la dicotomía patrón/empleado —un modelo patriarcal y jerárquico— se superará poco a poco, al menos en las empresas grandes. Los empleados que de forma voluntaria lo deseen, podrán comprometerse en la toma de decisiones, el riesgo… La empresa es un gran ecosistema con muchos stakeholders, internos y externos, y el poder o el riesgo no deberían estar solo en manos de un único grupo de contacto. Es más orgánico —y democrático—, que todos los grupos de contacto participen en las decisiones, en la propiedad, el riesgo o la responsabilidad…

P.- Tras nueve años aplicando el BBC, ¿cuáles son sus conclusiones?

CF.- En todo el mundo, más de 3.000 entidades de más de veinte países —desde bancos a empresas, municipios, colegios, universidades…— lo apoyan. Ya hay más de 700 empresas de todos los sectores que hacen el BBC voluntariamente. Las más numerosas son pymes de cierta entidad, aunque hay varias alemanas y austríacas con varios miles de empleados. No son grandes marcas -a excepción quizá de Sonnentor, VAUDE, Sparda-Bank München o Lilly Deutschland-, pero todas empresas muy serias y motivadas intrínsecamente, con una firme convicción ética.

Algunas han introducido más democracia interna e incrementado la participación de las plantillas en sus decisiones estratégicas. Otras han cambiado a bancos éticos o a suministradores ecológicos (por ejemplo, de energía), reducido el consumo de carne o apostado por un concepto de movilidad sostenible. Como consecuencia de tales decisiones, muchas de ellas han multiplicado sus solicitudes de empleo. Los candidatos las prefieren para trabajar porque la remuneración que más cuenta es la ética: es decir, encontrar sentido a lo que se hace y tener la conciencia limpia.

Por otra parte, más de 200 universidades se dedican ya al modelo EBC, y en España la Universidad de Salamanca ha impulsado la creación de una red de «universidades amigas de la EBC». Además, ya existe la primera cátedra EBC en la Universidad de Valencia, que ha realizado un primer estudio cuantitativo con 206 empresas: el resultado es que el BBC no solo mejora notablemente el rendimiento ético de las empresas sino que, cuanto menos, tampoco empeora sus resultados financieros.

En la primera conferencia científica sobre la EBC, celebrada a finales de 2019, participaron más de 150 economistas y otros expertos. Y las adhesiones de ciudades (Barcelona, Stuttgart, Ámsterdam, Viena…) que, o bien hacen el BBC ellas mismas, o bien lo promueven en el sector privado, no cesan… Otro dato: seis regiones europeas, la Comunidad Valenciana (9) , Salzburgo (Austria), Baden-Wüttemberg, Hesse y Bremen (las tres en Alemania), y Tirol del Sur (Italia), ya han tomado sus primeras decisiones en favor de la EBC. A día de hoy, ya hay de hecho una primera propuesta de ley en proceso en el Parlamento Alemán.

P.- ¿En qué plazo se podría implementar el modelo a nivel nacional, por ejemplo?

CF.- Existe ya una Directiva Europea sobre informes no financieros para empresas de más de 500 empleados que se implementó a nivel nacional en 2017. Si en España el BBC entrase en una revisión de la ley de implementación, las empresas tendrían que hacerlo en los tiempos que prevea. Y si la ley se ampliase a todas las empresas que están obligadas a hacer un balance financiero, se podría generalizar en poco tiempo.

La idea es que el resultado en puntos del BBC figurase en las etiquetas de productos y/o servicios de la empresa, en sus catálogos, web, en el pequeño comercio… No obstante, para no saturar más la jungla de etiquetas, símbolos…, el legislador debería procurar que la información ética figure en un solo sello, que se podría escanear con un móvil. Dos de los requisitos imprescindibles del sello es que tanto su accesibilidad como su inteligibilidad fuesen universales.

(1)

Gemeinwohl-ÖkonomieEconomía del bien común. Con prólogos de Federico Mayor Zaragoza y Victoria Camps (Deusto, 2010/2015) fue un best-seller en Alemania, Austria y España. Felber es autor de otros doce títulos. Los últimos: Por un comercio mundial ético (Deusto, 2018) y La voz interior. Espiritualidad, libertad y bien común (Obrión, 2019).

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(2)

Tanto al capitalismo de mercado, generador de profundas desigualdades, como a la economía planificada.

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(3)

Investigador asociado del Instituto IASS (Berlín-Potsdam), docente de siete universidades austríacas y alemanas, Felber fue impulsor del proyecto Banca Democrática, hoy Cooperativa para el Bien Común, con 5.000 miembros cooperativistas. Conjuntamente con un banco cooperativo, ambas entidades han puesto en marcha la primera cuenta (corriente) del Bien Común para particulares y empresas. Entre quienes siguen atentos sus tesis figura el Papa Francisco.

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(4)

El PBC incluye además aspectos como la cohesión social, la solidaridad, la participación, la calidad democrática, la política medioambiental, el reparto justo de beneficios, la igualdad de género o la igualdad salarial…

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(5)

A través de su Ministerio Federal de Medio Ambiente, Conservación de la Naturaleza y Seguridad Nuclear.

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(6)

Pero que hace referencia al bien común y no a la felicidad individual, de la que indudablemente es parte integral y, también, una consecuencia.

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(7)

Οíκονομία, compuesta de «oîkos» (οìκος), hogar o casa, en el sentido de patrimonio, y «nemein» (νέμω), ley o medida.

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(8)

En el primer libro de su Política, Aristóteles afirma que hay dos tipos de economía: la doméstica —que se sirve del dinero, pero para obtener lo necesario para la vida y el hogar—, y la comercial, o de cambio, con un objeto: el dinero mismo.

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(9)

En esta comunidad hay previstas dos leyes para crear un registro de empresas que sigan estas normas éticas, fomentando inversiones o promoviendo incentivos para ellas.

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