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Empatía, ¿la respuesta para la crisis global? (I)

González, Carlos

Capital Humano, Nº 344, Sección Crecimiento profesional / Tribuna, , Wolters Kluwer España

Portada

Carlos González

Partner de Navitas for Change

«La vida se desarrolla donde fluye la empatía», eso creo.

Cuando medios de comunicación y redes sociales muestran tendencias de polarización y enfrentamiento, cuando ves una sociedad cada vez más acelerada, cuando vives que los que son nuestros líderes entienden su rol «construyendo al enemigo» en vez de construyendo alternativas y soluciones… propongo recuperar la importancia de la empatía para impulsar y desarrollar organizaciones saludables, sistemas educativos transformadores, procesos productivos sostenibles, sistemas sanitarios humanizados y, por tanto, sociedades mejores y más prosperas.

¿O es que alguien se atreve a defender que una empresa será más rentable, más productiva si, olvidándose de la empatía hacia sus stakeholders, actúa de forma sorda, insensible, centrada en sí misma… olvidándose de intereses de empleados, clientes o la sociedad en general?

¿Quién se atreve a defender que los alumnos se desarrollan mejor, potencian sus inteligencias emocionales, crecen como ciudadanos del planeta dejando la empatía en las puertas del sistema educativo? Envueltos en la locura de que la PAU es el paso critico para determinar el futuro de miles de futuros profesionales se olvida por el camino la necesidad de tener en cuenta las vocaciones y los talentos. ¿De verdad que, para ser una buena médica, un buen enfermero… lo más importante es la nota media de bachillerato y la selectividad? (ya no me acuerdo como se llama este año a estas pruebas) ¿Dónde queda la empatía para acompañar en el sufrimiento y el dolor?, ¿y la empatía para entender a los clientes?, ¿o para comprender la necesidad de cultivar un planeta sostenible en las prácticas industriales? Educamos a los jóvenes orientados a un resultado: que para acceder a la universidad lo importante es la nota —un resultado numérico. ¿Qué valores estamos inculcando? ¿Seguro que es suficiente trabajar para un 12,5, o un 14, para asegurar que estamos preparando adecuadamente a los padres y madres, profesionales y líderes de mañana? ¿Dónde queda el ser empático, compasivo, flexible, amable, generoso…?

¿Quién se atreve a defender que es mejor, más profesional acompañar a los enfermos y sus familiares desde la distancia, la no implicación, la racionalidad del experto…? ¿Seguro que esa distancia emocional ayuda a lograr mejor adherencia a un tratamiento, o a reducir los niveles de cortisol en sangre, o a poner en funcionamiento todas las capacidades sanadoras del cuerpo humano? Me temo que no. Está demostrado que las palabras, los gestos, la coherencia cardiaca de un profesional sanitario ayudan a las personas enfermas a autorregularse ante un momento de pánico por una mala noticia, o de desesperanza por el avance de la enfermedad… No solamente a los pacientes, sino a todo el entorno familiar que acompaña y acoge al enfermo.

La empatía es un pilar para construir una sociedad saludable y sostenible. ¿Cómo, si no, se pueden construir organizaciones eficientes, productivas y felices?

¿Qué hacemos pues que no reivindicamos la empatía como respuesta estratégica ante la crisis —en vez de ese «que cada uno aguante su vela»?

  • Creo profundamente que con directivos seleccionados por el número (cumplen objetivos) y por ser empáticos ya no tendríamos que preocuparnos por los protocolos de mobbing. Solo quien ha decidido desenchufarse de la empatía puede convivir con el sufrimiento ajeno. Si educáramos en la empatía, ¿habría tantos casos de acoso escolar, de violencia de género…?
  • Si para seleccionar a los futuros médicos, profesores, terapeutas, directivos… incluyéramos la empatía, y no solo su memoria o inteligencia numérica, tendríamos en el futuro equipos humanos con vocación de servicio y apoyo a la comunidad. Tendríamos de entrada eso que ahora se quiere inculcar a través de programas de RSC y sostenibilidad.
  • Si para profesores, médicos, fisioterapeutas, mandos intermedios, padres y madres, profesionales en general —incluso hasta políticos, parlamentarios…— la empatía fuera requisito fundamental para la práctica: ¿qué nuevo marco social y cultural estaríamos construyendo?

La empatía es un pilar para construir una sociedad saludable y sostenible. ¿Cómo, si no, se pueden construir organizaciones eficientes, productivas y felices? El reto no es vivir en un mundo happy flower; el reto es ser inteligentes y aplicar la empatía como estrategia de desarrollo y crecimiento. Inteligente para responder a los retos de un mundo enfermo: la depresión es la gran pandemia del siglo XXI, el medioambiente está «tocado» y si no cambian nuestras respuestas «tocado y hundido» (¿de verdad que la solución es buscar agua en otros planetas en vez de cuidar el nuestro?), los muros y la «construcción de enemigos» prolifera a diestro y siniestro por líderes ¿empáticos o ególatras o…? (ponle el adjetivo que quieras).

Por ello es necesario recuperar la palabra, la emoción, el pensamiento, la acción en torno a la empatía. Actualmente es una expresión devaluada, neutralizada con esa definición del tipo «es ponerte en los zapatos del otro» y ya está. No es solo eso.

Para ser empático hay que ser valiente, generoso, honesto, consciente de que existe un otro, una comunidad y que ellos también son parte de ti… ¿De mí? Sí.

Seguiremos empatizando, pero será en la próxima tribuna.

Mientras tanto: let’s be brave and dare to empathize.

P.D.: N.P.M (1) . no habría llegado hasta ese punto de burn out en un ecosistema más empático.

(1)

N.P.M. es una amigo que aparece en otras tribunas. Por ejemplo, en las de «Survival Zone» o en la de «Alostasis Organizativa».

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