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Empatía, ¿la respuesta para la crisis global? (III)

González, Carlos

Capital Humano, Nº 346, Sección Crecimiento profesional / Tribuna, Octubre 2019, Wolters Kluwer España

Portada

Carlos González

Partner de Navitas for Change

«La vida se desarrolla donde fluye la empatía», eso creo.

Sí, sí… «un nivel de conciencia mayor donde el ego pasa a segundo lugar y el otro / los otros empiezan a ocupar el centro. Comunidades más creativas, más empáticas…»

Así terminaba la tribuna anterior. Lanzando, además, una pregunta: «¿y eso cómo se consigue? O al menos, ¿cómo se impulsa…?»

En 1968, el día después del asesinato de Martín Luther King, una profesora de Iowa, Jane Elliott, se propuso compartir una experiencia con sus alumnos: abordar el impacto que tienen en nosotros los prejuicios.

La clase empezó preguntándoles si sabían lo que significaba sentirse excluido, marginado, por el color de la piel. La mayoría respondieron que sí… pero ella no estaba tan convencida de ello. A continuación, propuso una dinámica basada en un prejuicio. Anunció que las personas de «ojos azules eran las mejores…» y a partir de ese axioma se estructuró la clase. Es fácil imaginar qué ocurrió a partir de ese momento. Al día siguiente invirtió los roles en base a otro prejuicio: «las personas de ojos castaños son las mejores personas».

Con el ejercicio los niños aprendieron a sentir y entender qué se experimenta cuando se está en la piel del otro, su cerebro se abrió a nuevos caminos cognitivos. Se amplió la conciencia, aprendieron que las reglas pueden ser arbitrarias, injustas, parciales… que los modelos mentales hay que cuestionarlos, sembró las semillas del pensamiento crítico.

Así que, ¿cómo construir sociedades más empáticas y creativas? La educación. La educación. La educación. Ya lo decía Nelson Mandela, la educación es el arma más poderosa para transformar el mundo. La educación construye sinapsis.

Ahora, en esa misma afirmación existe un riesgo apocalíptico: a pesar de que desde niños estamos por genética orientados a la empatía (1) , se nos puede programar para el odio, la separación y la construcción de enemigos.

Tomando las palabras de David Eagleman (2) , neurocientífico:

«La educación desempeña un papel fundamental a la hora de prevenir el genocidio. Solo comprendiendo el instinto neuronal que nos lleva a formar grupos de pertenencia y de no pertenencia —y los trucos habituales que utiliza la propaganda para manipular este instinto— podemos albergar la esperanza de interrumpir esa deshumanización que acaba en atrocidades en masa».

Y la educación no es un proceso que transcurre solo en las escuelas. También en el día a día. Familias, equipos deportivos, empresas, comunidades, medios de comunicación, servicios de atención pública… nos están enseñando cómo interpretar la realidad y reaccionar ante ella. O, dicho de otra forma, cómo interpretar al otro y cómo reaccionar ante él.

La educación es el arma más poderosa para transformar el mundo. La educación construye sinapsis.

En su afán de comprender la falta de empatía —hasta llegar incluso a la violencia— Lasana Harris de la Universidad de Leiden (Holanda) pudo identificar que la corteza prefrontal media (CPFm), que rige las relaciones sociales, se activa cuando tratamos con personas, no con objetos. En sus investigaciones pudo comprobar cómo ésta se activaba menos cuando el sujeto de investigación observaba un indigente, o un drogadicto… Es como si esa persona se estuviese convirtiendo en objeto. L. Harris lo expresa así:

«Si no estableces claramente que esa persona es un ser humano, entonces las reglas morales reservadas para las personas no se aplican».

No es una persona, sino un paciente más. No es una persona, es solo un empleado más. No es una persona, sino otro empresario avaricioso más… No es una persona, es otro inmigrante más del Estrecho o de México. Son prejuicios que se construyen sobre las variables de Pertenencia, No Pertenencia y Cosificación del otro. Muerta la empatía, todo vale.

Volviendo a la pregunta: ¿cómo se impulsa la empatía? ¿cómo se desarrollan comunidades más empáticas? Desde la educación en escuelas, empresas y medios de comunicación. Educación en valores, en conciencia ( mindfulness ), en autoconocimiento (cuestionar mis modelos y paradigmas mentales), en pensamiento crítico…

Hoy, después de 3 años escribiendo esta tribuna y terminando siempre de la misma forma, quisiera terminar de otra forma. Citando las palabras de David Eagleman:

«Podemos sentir la tentación de pensar que nuestra persona acaba en la frontera de la piel, pero en cierto sentido es imposible delimitar dónde acaba cada uno y dónde empiezan los que nos rodean. Nuestras neuronas y las de todos los que habitan el planeta interactúan formando un superorganismo gigantesco y cambiante. Lo que delimitamos como el "yo" no es más que una red dentro de otra red más grande. … Porque es imposible evitar la verdad impresa en el circuito de nuestros cerebros: nos necesitamos los unos a los otros

(1)

J.S. Haldane describe la selección de parentesco («me lanzaría sin pensarlo dos veces a salvar a mis hermanos»; o Naomi Eisenberger desarrolla el concepto del dolor social cuando nos sentimos rechazados, no incluidos; el concepto de eusocialidad…

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(2)

Autor del libro, «El Cerebro. Nuestra historia» (2017), editorial Anagrama.

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