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Casual dress code

Martínez, Roberto

Capital Humano, Nº 348, Sección Conciliación y diversidad / Tribuna, Diciembre 2019, Wolters Kluwer España

Portada

Roberto Martínez

Director de Fundación Másfamilia y Coordinador del área de Conciliación y Diversidad en Capital Humano

Cuando hablamos de «Casual dress code» estamos hablado de la típica medida de conciliación con impacto claramente generacional, pues a unos, los millennials, les seduce hasta la extenuación, mientras que a otros, los más veteranos, como que «ni fú ni fá».

También presenta impacto de género, pues mientras los tipos nos sentimos claramente identificados al poder desprendernos de la corbata como yugo del S.XX, para las chicas no es lo mismo. La medida no tiene el mismo alcance y llegada.

¿Y qué es esto del casual dress code o de la informalidad en la vestimenta profesional? Pues relajar lo que hasta ahora se ha considerado la forma profesional de vestir en multitud de trabajos y que responde al traje masculino con camisa de manga larga, gemelos y zapatos llamados «de vestir», es decir, ir vestido de guardia pretoriana y en julio a 40 grados. Se agradece un montón.

En mi caso, siempre he ido vestido de romano a la oficina, y a lo más que asistí fu al «friday’s wear», que era ir vestido de romano de lunes a jueves, y de aragonés, los viernes. Porque en muchas de las oficinas que yo conozco, lo único que implicaba era la compra de un uniforme distinto para el viernes, pero uno no podía ejercer su libertad de expresión vestimentil.

Es ahora en esta década cuando verdaderamente he podido disfrutar, aunque no soy un millennial, ni falta que me hace, y he podido marcar un estilo que, necesariamente, no tiene por qué corresponder con el que hablaba más arriba ni con un uniforme corporativo.

Pero aquí empieza el problema. Por mi parte, mi gran atrevimiento o mi disrupción pasa por dejar atrás el traje y la corbata y utilizar jerséis de punto, en los días más fríos, y polos, en los momentos de canícula asfixiante, y, por supuesto, zapato cómodo (nunca deportivas). O sea, que de transgresión, poca.

Pero… ¡ay amigo! Cómo se te ocurra lanzar el «casual dress code» sin dar alguna recomendación, prepárese para disfrutar de:

  • Tattoos por doquier.
  • Aros, septum y cualquier otra forma de agresión metálica.
  • Camisetas reivindicativas desde aquellos de hierbas ¿aromáticas? A grupos metal, heavy o grunge o del Che.
  • Bermudas o pantalones cortos.
  • Chanclas.

Con todo esto… son muchas las organizaciones a las que les entran los siete males… Porque una cosa es ver así al de departamento de IT, que ha había dado muestras de sus alternativas, y otra muy diferente es ver a media plantilla de esa guisa.

Y aun me dejo, para otra ocasión, la vestimenta casual de las chicas. Por un lado, porque no tengo espacio y, por otro, ¡porque aquí hay mucho que contar y yo… soy muy cobarde!