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Construir al enemigo

González, Carlos

Capital Humano, Nº 351, Sección Crecimiento profesional / Tribuna, Marzo 2020, Wolters Kluwer

Portada

Carlos González

Partner de Navitas for Change

«La vida se desarrolla donde fluye la empatía», eso creo.

Permitirme que use este título copiado de una conferencia pronunciada por Umberto Eco en la Universidad de Bolonia en 2008. Señala que necesitamos un enemigo para probar nuestro valor y nuestros valores.

Lo argumenta con un recorrido intenso por la historia y por la literatura: lo romano y lo bárbaro; güelfos contra gibelinos; sur y norte; judíos y cristianos… Ahora, ¿son los enemigos tan distintos a nosotros? ¿Seguro?

Hace unos años, en el refugio de Oullettes de Gaube admirando el circo de Vignemale, charlando desconocidos con desconocidos, unidos por la visión del glaciar y de sus picos, nos preguntaron: «¿de dónde sois?"Respondimos:"de Madrid». A lo que le siguió un «¿mesetarios?» La conversación ya podemos imaginar por dónde empezó a trascurrir.

Hace más tiempo, participé en una fusión entre varias entidades, la pregunta también surgía: «¿de qué entidad procedes?» Con la respuesta venía la división del mundo. Hace mucho más tiempo, viviendo en Suiza —donde nací y me eduqué los primeros años de mi vida— mientras jugaba en el parque con cualquier grupo de niños, siempre acababa surgiendo la pregunta: «¿cómo te llamas? A continuación "¿de dónde eres?" Y en ocasiones, a continuación, me quedaba solo porque algunos padres se llevaban a sus hijos.

Tan pronto como este tipo de preguntas toman posición en nuestra mente, se produce la fractura del Otro. Barcelona o Madrid, de la Caja X o del Banco Y, suizo o emigrante. ¿de EEUU o de...? ¿Europeo o subsahariano? ¿BB o generación Z? ¿hombres o mujeres o...?

¿POR QUÉ NECESITAMOS CONSTRUIR ESTA FRACTURA?

Mi hipótesis es que nos da miedo lo desconocido, que nos intimida cuestionar los modelos mentales en los que nos hemos educado y que nos ofrecen seguridad. Que aceptar al otro y sus diferencias es reconocer que la vida es impermanente, es angulosa, está llena de matices, es cambiante. ¿Qué es mejor el impresionismo o el realismo? ¿La sardana o las muñeiras? El Otro y nuestras diferencias, nos hace sentir vulnerables. Y esa es una emoción con la que no nos gusta convivir.

El miedo a lo desconocido es en sí mismo parte de nuestra naturaleza humana. Aunque de la parte más primitiva. Lo explica la neurociencia. Ante el riesgo de «posible daño social» (real o imaginado) el cerebro límbico y reptiliano se activa para huir o atacar.

¿Qué es «daño social»? Una posible pérdida de status; la incertidumbre ante lo nuevo o lo desconocido o lo que ha de llegar y que no controlo; la no pertenecía a mi grupo (sea familia, empresa, etnia o club de fútbol...). Ante todo ello la respuesta constructiva creo que estriba en la educación: más pensamiento crítico y menos prejuicios; más aceptación de lo diferente y menos de pensamiento único. Más empatía y compasión.

Pero hay otros posibles fenómenos —más peligrosos que el cerebro primitivo— detrás de esta actuación de construir al enemigo, y que es el que quiero denunciar aquí. Es quien utiliza estos mecanismos inconscientes —quienes saben manejar a nuestro cerebro reptiliano y límbico— para construir un enemigo, para mantener y defender a ultranza la posición y el poder que se ostenta. Esta estrategia de construir enemigos es propia de quienes entienden la vida como un juego de suma cero: unos ganan lo que otros pierden. No hay interés común, no hay perspectiva de creación de riqueza para la sociedad, no hay visión de sostenibilidad para construir un mejor modelo social... Hay solo que despertar el miedo evocando los mecanismos de nuestro cerebro reptiliano y se despiertan el deseo de lucha o huida, y en el fondo de separación.

¡Que limitante este modelo de relación! ¡Que pobre este modelo mental! ¿Estaremos cayendo en estos modelos mentales? Cuando veo una sociedad cada vez más tensa y fracturada me invade la opinión de que sí. Me gustaría denunciar a todos los que quieren hacernos pensar y sentir que el otro, por el simple hecho de ser distinto, es un Enemigo. Y creo profundamente en lo que propone Umberto Eco en su discurso:

Por eso, y volviendo a la historia de Pirineos, creo que hay alternativas. Pasados unos minutos, olvidados los discursos oficialistas, con una actitud abierta para escuchar al Otro nos unimos entorno a una visión común, nuestra pasión por la montaña. Y los desconocidos y diferentes, aunque tales, disfrutamos de las diferencias que no dieron paso a la enemistad… Al contrario, andamos juntos al día siguiente entre risas y conversaciones enriquecedoras.

Por eso, hace tiempo ya, descubrimos que las capacidades diferentes hacen crecer el Talento Organizativo y, gracias a ello, se lograron objetivos impensables de alcanzar (una integración de 10.000 personas en menos de 16 meses). Todavía recuerdo la energía y el entusiasmo por el proyecto de integración, una vez se empezó a trabajar pensando en el bien común y en cómo beneficiar al conjunto con las diferencias de cada entidad. Cada uno puede aportar algo. ¿De qué sirve un equipo solo de delanteros o solo de defensas o...? ¿De sirve una sociedad de personas de «pensamiento único»? La riqueza de nuestro Planeta se basa en la biodiversidad... Esto también es aplicable a las relaciones humanas.

Por eso, en la Suiza de los años 60, una vez superadas las preguntas de los mayores —quizás con miedo a lo diferente de la lengua, el aspecto físico y las costumbres— los niños, todavía sin necesidad de construir enemigos, seguimos jugando desde las diferencias siempre y cuando los mayores nos dejaban compartir sin construir al enemigo.

Se acaba la tribuna. Ya seguiremos reflexionando. Mientras tanto: No construyamos enemigos. Aceptemos la alteridad del otro como algo que nos enriquece.