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¿Qué va primero?

Ricardo Cortines

Autor del libro «El buen tiempo»

Capital Humano, Nº 351, Sección Crecimiento profesional / Tribuna, Marzo 2020, Wolters Kluwer

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En general, todos los expertos en gestión del tiempo a los que he leído destacan la importancia de PRIORIZAR.

Leo Babauta, en su libro El poder de hacer menos, nos dice que la cuestión no es cómo hacer más cosas y más deprisa, sino cómo hacer bien lo más importante.

Algo similar sugieren quienes aconsejan aplicar la Ley de Pareto, que dice que el 80% de las consecuencias vienen del 20% de las causas —es decir, que el 80% de los resultados dependen del 20% del trabajo—. En base a dicha Ley debes intentar suprimir todo lo que no es imprescindible para tu negocio y subcontratar las tareas secundarias para concentrarte en las que tienen más impacto en tu futuro.

Y yo pregunto: ¿realmente debemos dar prioridad a lo que resulta más importante?

A la hora de emplear tu tiempo, de aprovecharlo, de sacarle partido, es imprescindible que tengas claras tus prioridades, pero eso no tiene nada que ver con lo más o menos importantes que sean para ti las cosas que haces. En otras palabras, las cosas que consideras importantes no coinciden con las cosas a las que debes dedicar tu tiempo prioritariamente.

Si le preguntáramos a alguien qué es lo más importante en su vida, seguramente nos dirá que su familia —suponiendo que la tenga—, pero con igual seguridad podemos afirmar que esa persona no dedica más horas a estar con su familia que al resto de cosas que forman parte de su vida, en especial al trabajo.

¿Significa eso que esa persona está gestionando mal su tiempo? ¿Significa eso que no es feliz? ¿Significa eso que esa persona está mintiendo y que lo más importante para ella en realidad no es la familia, sino el trabajo? No.

Las cosas que consideras importantes no coinciden con las cosas a las que debes dedicar tu tiempo prioritariamente

La familia es lo más importante para esa persona, más que el trabajo, más que ganar dinero. Y lo sé porque si tuviera dinero, no trabajaría. Al menos no por dinero. Lo que pasa es que su familia no demanda que les dedique más tiempo que al resto de cosas de su vida. Ese «honor» se lo deja al trabajo, que, por cierto, es algo que esa persona hace para beneficio de su familia.

Así pues, queda claro que la prioridad viene determinada por la NECESIDAD, no por la importancia que las cosas tienen para nosotros.

La educación de tus hijos es importante para ti y, según eso, deberías dedicarle una buena cantidad de tiempo y, además, no delegar esa tarea en otro, sino encargarte tú mismo de ella. Eso es lo que nos propone la Caja de Eisenhower, una técnica de gestión del tiempo basada en la urgencia de las cosas que tenemos que hacer y en la mayor o menor importancia que tienen para nosotros, de modo que las menos importantes debemos delegarlas.

Pues bien, lo que hacemos es delegar la educación de nuestros hijos en unos profesores y de paso aprovechamos para trabajar durante el tiempo que ellos pasan en el colegio. ¿Significa eso que nuestros hijos no nos importan? No. El «misterio» se llama conciliación y demuestra simplemente que aquí manda la necesidad.

Todos tenemos cosas que estamos obligados a hacer cada día: desde comer y dormir hasta ganarnos la vida, pasando por cumplir las obligaciones que nos imponen las leyes o los compromisos que asumimos por un motivo u otro. Lo que necesitas hacer no puedes dejar de hacerlo. Estás obligado a hacerlo. Pues bien, te pongas como te pongas, esa debe ser tu prioridad.

Claro que, si pudiéramos prescindir de las cosas que hacemos por necesidad, prescindiríamos, es decir, no las dedicaríamos un segundo. Lo que nos lleva a una de las claves para una buena gestión del tiempo: debemos dedicar el menor tiempo posible a las cosas que estamos obligados a hacer.

Nuestro objetivo primordial a la hora de gestionar el tiempo es dedicar el máximo tiempo posible a las cosas que nos motivan, a las que nos apasionan. Por tanto, si esa es la estrategia a seguir, es lógico que saquemos tiempo de las cosas que estamos obligados a hacer para emplearlo en las cosas que nos hacen felices, en especial, en perseguir nuestros sueños.

Quien aprovecha bien su tiempo siempre lo tiene. Y eso es porque solo lo emplea en hacer las cosas que necesita

Las obligaciones son los impuestos que gravan nuestro tiempo. Así pues, lo lógico es que, respetando la ley, es decir, respetando los compromisos que asumimos, paguemos lo menos posible, le dediquemos a esas cosas el menor tiempo posible.

Por tanto, debes ocuparte de las cosas que necesitas con preferencia a cualquier otra cosa, pero dedicarles solo el tiempo que sea preciso para dejar de necesitarlas.

Aprende bien esto:

  • 1) Cuantas menos necesidades tengas, mejor.
  • 2) Antepón tus necesidades a cualquier otra cosa.
  • 3) Satisfácelas lo más rápido que puedas.

Todos sabemos que no es más feliz quien más tiene sino el que menos necesita. Y, aunque es una frase relativa a las posesiones materiales, es tanto o más cierta si la aplicamos a lo que hacemos en vez de a lo que tenemos. Si no necesitaras hacer nada, si pudieras dedicar tu tiempo a lo que de verdad te importa ¿no crees que serías feliz?

El problema es que nos creamos necesidades que no lo son y por ahí empieza a faltarnos el tiempo. Ganar dinero, divertirnos, el sexo, estar con la familia, salir con amigos, viajar, practicar ese hobby que tanto nos gusta..., demasiados objetivos para buscarlos todos a la vez.

Debes preguntarte qué necesitas de verdad y dedicar tiempo a eso. ¿Cuánto?

El preciso para satisfacer esa necesidad. Quien aprovecha bien su tiempo siempre lo tiene. Y eso es porque solo lo emplea en hacer las cosas que necesita. En cambio, la gente que se queja de no tener tiempo es porque lo gasta en cosas innecesarias.

Tienes, por tanto, que distinguir lo necesario de lo innecesario y, si hay cosas que deseas hacer, no cometas el error de elevarlas a la categoría de necesarias. Ve a por ellas si tienes tiempo, pero nunca a costa de dejar de hacer las cosas que necesitas hacer.