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La importancia de llamarse CORONAVIRUS: Cuando hay miedo del miedo

  • 11-3-2020 | Wolters Kluwer |

    F. Javier Cantera Herrero

F. Javier Cantera Herrero

Presidente de Auren BLCPresidente de la Fundación Personas y Empresas

  • Es curioso, que para la empresa lo más importante es el impacto en Bolsa del Coronavirus, su incidencia en la economía general, cuando el verdadero problema es el miedo de los empleados en las actividades diarias.
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F. Javier Cantera Herrero

Presidente de Auren BLCPresidente de la Fundación Personas y Empresas

Nunca me dejará de sorprender la naturaleza humana en relación a una situación de emergencia. Es muy fácil escuchar protocolos de actuación, notas para calmar a la población y mensajes encerrados en buenas intenciones, el miedo, miedo es como decía WILLIAM SHAKESPEARE “De lo que tengo miedo es de tu miedo”. Y cuando hablamos de las relaciones con las personas en un entorno empresarial no debemos dejar de pensar que el miedo de los empleados es el verdadero miedo de la empresa. Es curioso, que para la empresa lo más importante es el impacto en Bolsa del Coronavirus, su incidencia en la economía general, cuando el verdadero problema es el miedo de los empleados en las actividades diarias.

Igualmente, que el miedo en una sociedad puede generar conductas de sociofobias a determinados colectivos, por su origen étnico y no por su estancia geográfica reciente, el miedo de los trabajadores puede generar conflictos en la empresa.

En mi barrio, una señora no quería entrar en el “chino” por miedo a ser contagiada y en la empresa un empleado se niega a atender a personas con rasgos orientales. Por tanto, tenemos que pensar en las reacciones psicológicas de los empleados que por sus puestos tienen que estar expuesto a posibles conductas de riesgo. El miedo es una respuesta psicológica ante una amenaza del entorno, que como mecanismo evolutivo nos ha servido durante toda la existencia de la humanidad.

Como analiza la psicología científica el miedo no se neutraliza solo con medidas racionales y científicas sino también con actitudes emocionales. Con muchos Directores de Recursos Humanos en estos últimos días que hemos hablado de la problemática que es el coronavirus en las relaciones humanas en la empresa, y me indicaban la necesidad de hacer un plan de contingencia frente a la eminente llegada del coronavirus como una pandemia, lo primero que les indicaba que lo que me daba miedo era su miedo al miedo, porque empleamos un elocuente discurso desde el temor propio, y eso se veía, en la multitud de ideas que flotaba en su dialogo. Salen términos como ¿obligar? ¿sancionar? ¿impedir? Respuestas autoritarias que seguro que serían recibidas con miedo para cualquier persona que tiene miedo. Y en algún momento, me decían, pero como psicólogo ¿tú que harías? y yo solo le ponía encima de la mesa lo que la psicología científica nos indica:

La vida sin miedo no existe. El miedo es de las emociones más básica del ser humano y esta relacionada con la supervivencia. ¿Podríamos vivir sin miedo? Tendríamos muchas opciones para morirnos. Y les explicaba la película INSIDE OUT cuando hablaba de las 6 emociones básicas: alegría, sorpresa, ira, tristeza, asco y miedo y lo necesario que es esta última emoción para la vida cotidiana.

Pero el miedo no es negativo sino desagradable porque al sentir miedo no lleva a estar indefensos y esta sensación no queremos tenerla, aunque a veces es básica para evitar el peligro.

El miedo es universal, estamos viéndolo en las reacciones mundiales frente al coronavirus. ¿para qué sirve el miedo? Pues es un mecanismo adaptativo a un entorno. Y está relacionado claramente con la capacidad de reaccionar rápidamente ante las situaciones peligrosas. El miedo es una emoción que está relacionada con nuestros esquemas mentales, nuestras creencias y nuestros pensamientos. Pero el miedo puede ser disfuncional, cuando el miedo a tener miedo te paraliza y se convierte entonces en un problema, por tanto, el miedo no es el problema sino lo que hacemos con el miedo. es decir, ¿cómo lo gestionamos?

¿Cómo podemos gestionarlo? Aceptando que el miedo es una realidad y trabajando con criterios sociales para crear entornos que se pueda vivir con el miedo real. Debemos trabajar más en las soluciones que en intentar decir la peor frase en estos momentos “¡No tengáis miedo!” Por qué no debemos tener miedo si existe el peligro, otra cosa, es que hay que saber gestionar el miedo y no negar la situación sin asumir el peligro que es cuando el miedo es disfuncional.

Con este discurso de:

  • El miedo existe y es natural
  • El miedo sirve para adaptarnos al entorno
  • Y que no hay que negarlo sino gestionarlo.

Son las ideas que yo maneje en estas conversaciones con Directores de Recursos Humanos. Y como consultor me decían, están bien las ideas, pero ¿qué hacemos en nuestras empresas? Y a latigazo de WhatsApp les fui aportando ideas que había leído en los manuales de Psicología Científica para que pudieran utilizarlas, y les dije que, no me transmitiera a mis sus miedos, ya que al final tendría yo miedo por no saber explicar el miedo.

Estas cinco ideas puedo estar una posible respuesta a una situación tan cambiante diariamente a la que tenemos con el coronavirus:

  • 1. Poner nombre al miedo: Coronavirus o COVID-19, no sabemos lo que significa, pero hemos avanzado en nominarlo. El miedo ya no es algo abstracto, sino que sabemos darle un nombre. Además, tenemos la suficiente cantidad de conocimiento que nos permite centrar el temor, y estoy seguro que en breve sabremos todos los detalles de su origen y propagación. No es antinatural sino simplemente un proceso natural como muchas veces ocurre en la naturaleza. El miedo a lo natural simplemente tenemos que dejar tiempo para reconocerlo y posibilitar soluciones médicas en su momento. Es decir, es una alerta médica que debemos utilizar nuestro raciocinio para seguir normas básicas de higiene, pero no contagiarnos mentalmente del miedo de los otros.
  • 2. Reconocer los datos científicos: La ciencia tiene el enorme valor de su objetividad y capacidad predictiva. Estar enterado no solo de lo episódico de como se ha contagiado “X” o de los efectos de las personas ante el pánico, sino que hay que centrarse en lo argumentos médicos que emergen por los centros especializados. En un mundo globalizado tenemos muchas más posibilidades de contagio que cuando mis abuelos que no salían de mi pueblo de Palencia, pero al final tenemos más información y posibilidad de actuación. Está todo el mundo investigando y analizando la pandemia.
  • 3. Tener miedo, pero actuar sin miedo: El miedo puede paralizarte y tomar medidas ilógicas. Encerrarnos en una sobreactuación protectora o en el otro extremo, desechar actuaciones de garantías demostradas. Debemos confluir en medidas lógicas, recomendadas científicamente y utilizarlas con sentido común. Cuando el miedo se dice que es libre, no se trata de tener más miedo, sino de tener miedos comunes y no específicos para ti. Hay que tener miedo al coronavirus ¿y qué? nuestras conductas deben ser adecuadas y no desproporcionadas. Ni ir a urgencias por fantasías personales, ni no ir a urgencias habiendo estado en China o en el norte de Italia y tener una tos perruna. Hacer lo que tenemos que hacer reconociendo que el miedo está basado en hechos reales.
  • 4. Hablar del miedo: No hay nada más contraproducente que obviar el miedo como respuesta humana y encerrarnos en su negación. Pero, también, podemos caer en la paranoia si sólo hablamos del coronavirus, que ya sabemos que le tenemos miedo, pero tenemos que centrarnos en otros objetivos en el trabajo o de tu actividad personal. Pobre sería mi día si sólo hablamos del coronavirus, no por mucho hablar de él, vamos a tener menos miedo sino al revés, de lo que nos ocupamos mucho nos preocupamos más. La prudencia a saber tener miedo consiste en dosificar el miedo en la prevención en vez de tener miedo a utópicas posibilidades de muy baja probabilidad.
  • 5. Apoyo social: En situación de peligro debemos tener más apoyo social de otras personas que tiene tanto miedo como tú, pero que todos vamos a compartir. El miedo compartido es menor y necesitamos personas con “autoritas” que nos indiquen sus ideas desde el reconocimiento de su miedo. No necesitamos “santos” sino personas realistas que se apoyen entre si para aceptar que el desconocimiento en los inicios de una pandemia es lógico y que tenemos que estar atentos como sociedad para dar la mejor respuesta desde el ámbito social.

Y para concluir, que medidas tomarías en tu empresa, es la pregunta que siempre me suelen decir y yo indico, como el miedo es libre tenemos que tomar medidas conservadoras con los trabajadores y nunca impuestas. En este sentido, yo les indicaba un principio básico, que lo primero es la salud de los empleados, es en el reconocimiento de esta verdad, cuando la actitud empresarial debe demostrar la importancia de las personas en la empresa. Aquí no vale las palabras sino los hechos. Los empleados no somos clientes a tranquilizar sino personas con la que empresa existe per se.

Hay un proverbio chino (valga el homenaje a nuestra reserva de sabiduría llamada China) que siempre utilizo cuando me encuentro con mis miedos diarios y continuos que es “El que teme sufrir ya sufre el temor”. Mucha gente está sufriendo, no por una realidad de tener coronavirus sino por la probabilidad de poder tener coronavirus. Sin tener en cuenta que el número de muertes por contagiado no es alto, que las personas se mueren “con” el coronavirus y no “por” el coronavirus, ya que suelen ser personas con enfermedades previas y estados físicos previos no muy saludables. Pero como hemos dicho, no vale los fríos datos sino tu actitud mental frente al miedo.

Me niego a tener miedo al miedo, sí tengo miedo al coronavirus como todo hijo de vecino, pero seré racional a la hora de actuar según los criterios científicos y las medidas lógicas y adecuadas. Y para acabar, nuestro filósofo cotidiano de mi generación que siempre me ha tranquilizado por ser un gran miedoso como yo, dice WOODY ALLEN “El miedo es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado para irse con otro”. Aceptemos el miedo de los empleados como variable de actuación y no caigamos en imposiciones racionales cuando lo que hay que gestionar es una gran emoción, que es el miedo a tener miedo.