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Equivocar el camino

Ricardo Cortines

Experto en eficiencia. Profesor de filosofia del Derecho en la UCJC. Autor del libro «El buen tiempo» (Vergara)

Capital Humano, Nº 352, Sección Crecimiento profesional / Tribuna, Abril 2020, Wolters Kluwer

Portada

¿Quién no ha elegido un camino equivocado alguna vez? Una carrera que luego vimos que no era para nosotros, un empleo que a priori nos parecía interesante y que luego se reveló detestable...se pierde tiempo y esfuerzo y confianza y más cosas al meterse por caminos equivocados, pero lo importante es estar alerta y dar media vuelta en cuanto detectemos que «no es por ahí».

Con todo, lo más reseñable de esos fracasos de los que nadie se libra al hacer camino, es que forman parte del viaje y nos tienen que servir para afrontar una empresa si cabe mayor que la de elegir el camino que nos lleve donde realmente queremos llegar: la de aprender a fracasar.

Aprender a fracasar (a perder) no significa aceptar el fracaso (la derrota) sino aprender a sacar partido de él. Aprender a fracasar implica ser conscientes de que entra dentro de lo posible y que, de hecho, mientras no se tenga la experiencia suficiente, el fracaso será el resultado que obtengamos la mayoría de las veces. Porque para tener éxito hace falta experiencia y la experiencia se adquiere poco a poco, perdiendo siempre al principio y ganando luego cada vez con más frecuencia.

Aprender a fracasar (a perder) no significa aceptar el fracaso (la derrota) sino aprender a sacar partido de él

Lo que no podemos permitirnos es perder cuando tenemos la experiencia suficiente para ganar.

Debemos aceptar el fracaso como algo normal y llevarnos siempre la experiencia que nos aporta. Esas derrotas son buenas. Las derrotas de las que no sacamos nada son malas y nos convierten en perdedores.

El éxito y el fracaso son la cara y la cruz de una misma moneda y eso significa que:

  • 1) El éxito está detrás del fracaso. La segunda vez tenemos más opciones de éxito que la primera. Según Henry Ford: «El fracaso es una ocasión para empezar otra vez con más inteligencia».
  • 2) El fracaso está detrás del éxito. Que vayas ganando no significa que hayas ganado.

GESTIONAR EL FRACASO

¿Qué es un fracaso? Para gestionar adecuadamente el fracaso debemos verlo como lo que es, sin subjetivismos: es la consecuencia de un error, la señal de que nos hemos equivocado. El fracaso nos dice: «por ahí, no». Por lo tanto, para conseguir lo que queremos «solo» tenemos que tomar otro camino, es decir, cambiar las cosas y seguir adelante.

Para gestionar bien el fracaso es necesario ante todo detectarlo. El fracaso, hemos dicho, es la consecuencia de que hemos hecho algo mal, la materialización de esa conducta no acertada. Ahora bien, ¿Quién nos avisa de que estamos ante un fracaso? O mejor dicho ¿Cómo saber cuándo tengo que cambiar las cosas? ¿Hasta qué punto han de funcionar mal las cosas para que proceda cambiarlas?

Aquí radica la clave de la buena gestión: hay que reaccionar con rapidez y en ese sentido la regla a seguir debe ser: «en caso de duda, cámbialo».

El fracaso tiene una parte buena y una mala. Algunos ven solo lo evidente: tragedia, pérdida de confianza.... Otros, además de eso, ven también el lado positivo: el fracaso como aprendizaje, impulso, motor de cambio....¿Con qué nos quedamos? ¿Qué perspectiva es la adecuada?

La realidad, cualquier realidad, es polisémica, es decir, significa muchas cosas y, lo más importante, todas son auténticas. Por tanto, para entender bien la realidad no podemos conocer solo uno de esos significados. Debemos conocerlos todos, ver las cosas desde todos los observatorios posibles.

Si solo vemos lo bueno de cierta situación, la afrontaremos como si fuera 100% buena, pero estaremos partiendo de una premisa falsa. Nada es 100% bueno o malo. Y cada perspectiva, cada realidad, nos aporta un conocimiento imprescindible para gestionar bien las cosas. No hay perspectiva inútil.

Para gestionar el fracaso tenemos que ver su parte mala y su parte buena y confrontarlas para ver cuál nos dice más de él. A partir de ahí estaremos en disposición de gestionarlo bien.

MENTALMENTE SOMOS UNOS FRACASADOS

¿Cómo es posible que el fracaso nos haga perder la fe en nosotros mismos y en cambio no nos haga perder la fe en nuestras ideas?

Nuestra mentalidad está torcida. Nuestra manera de ver las cosas, nuestro modo de pensar, es un fracaso. Es más, no solo es un fracaso sino que en este punto somos unos auténticos fracasados. Y así como de una «situación de fracaso» se puede salir, de un «estado de fracaso» no se sale.

¿Por qué digo que mentalmente somos unos fracasados? Porque no estamos abiertos a cambiar de idea. Cuando uno sufre un fracaso y, a raíz del mismo, cambia lo que debe cambiar, aparece el éxito. Por tanto, tener éxito depende de que seamos capaces de reconocer el fracaso.

Así como de una «situación de fracaso» se puede salir, de un «estado de fracaso» no se sale

La vida está formada de éxitos y fracasos. Cosas que salen como deseábamos y otras que no. Y nuestra conducta, la manera en la que debemos conducirnos por la vida, está condicionada directamente por esos éxitos o fracasos.

Tal es así que todo se reduce a esto: cambiar lo que no funciona y mantener lo que funciona a salvo de cualquier cambio.