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La prevención de riesgos laborales ante la digitalización

Mar Sabadell

Eva Rimbau Gilabert

Profesoras de los Estudios de Economía y Empresa en la Universitat Oberta de Catalunya

Capital Humano, Nº 352, Sección Relaciones laborales y prevención / Artículos, Abril 2020, Wolters Kluwer

Las nuevas formas de trabajo derivadas de la digitalización pueden estar aumentando ciertos riesgos para la salud de los trabajadores. Además, en el nuevo contexto organizativo se hace más difícil para los empresarios el hacer un seguimiento de estos riesgos y gestionarlos adecuadamente. El teletrabajo y el trabajo de plataforma, en particular, suponen un reto que solamente se podrá superar con la normativa adecuada y con un buen uso de la tecnología.

Empecemos señalando un problema: a muchos trabajadores su trabajo les hace daño. La última Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo disponible (ENCT, 2015) revela que al menos una de cada tres personas ocupadas perciben que el trabajo influye negativamente sobre su salud. Para evitar que el trabajo perjudique la salud, existe la normativa de prevención de riesgos laborales, que requiere que las empresas evalúen los aspectos que pueden causar riesgos para la salud de sus empleados y tomen medidas para eliminar o mitigar dichos riesgos.

Cuando hablamos de salud no nos referimos solo a la ausencia de patologías y enfermedades, sino (siguiendo a la OMS) a un estado completo de bienestar físico, mental y social de la persona. En el contexto del trabajo, el bienestar laboral individual se define como un estado dinámico de equilibrio caracterizado por mantener un grado razonable de armonía entre los recursos personales (facultades y expectativas) y los retos del medio exterior (exigencias y oportunidades). Por lo tanto, la prevención debe ir más allá de los riesgos de seguridad (relativos al entorno físico de trabajo) e higiénicos (relacionados con las condiciones ambientales), que tradicionalmente han sido su principal objetivo, para incluir también riesgos ergonómicos y psicosociales, de importancia cada vez mayor, puesto que se centran en adaptar el trabajo a las capacidades y posibilidades del ser humano con el fin de mejorar su calidad de vida laboral.

La prevención debe ir más allá de los riesgos de seguridad (relativos al entorno físico de trabajo) e higiénicos (relacionados con las condiciones ambientales), para incluir también riesgos ergonómicos y psicosociale

A pesar de la normativa y de los esfuerzos de los profesionales de la prevención, parece que algo no está funcionando. Aunque la mayor parte de riesgos físicos, químicos o biológicos han disminuido desde 2005, los riesgos ergonómicos se han mantenido o han aumentado, mientras que los riesgos psicosociales reflejados en la percepción de exigencia (cantidad de trabajo demandado y capacidades exigidas) e intensidad de trabajo (velocidad, plazos) han crecido para el conjunto de las personas que trabajan, tanto asalariadas como autónomas. Así mismo, la ENCT indica que con frecuencia el equilibrio entre vida-trabajo se ve afectado por el trabajo porque las personas tienen que trabajar en su tiempo libre para cumplir con las exigencias del mismo.

Los anteriores problemas pueden vincularse con el creciente uso de tecnologías digitales en las organizaciones. Estas tecnologías a menudo requieren reajustar el reparto y la coordinación de tareas, generan necesidades formativas que no siempre son cubiertas, aumentan la rapidez con que se espera que se realice el trabajo, el número de interacciones que un trabajador mantiene en su jornada, etc. Todo esto puede generar estrés cuando los trabajadores perciben que carecen de las capacidades y recursos necesarios y que esa situación va a mantenerse por largo tiempo. Además, la generalización de la conectividad y la sincronización de datos y servicios en la nube desde cualquier dispositivo móvil o fijo posibilita que el trabajo se extienda más allá del lugar y horario preestablecidos, lo que —si bien puede facilitar la conciliación- también puede constituir una interferencia con la vida personal.

Vemos, por lo tanto, que la digitalización puede aumentar factores de riesgo de tipo psicosocial, que son más difíciles de observar y, a menudo, de prevenir, que los relacionados con la seguridad física de las personas. Pero, además de esto, la digitalización está favoreciendo la expansión de formas de trabajo que dificultan que las condiciones de trabajo sean adecuadamente evaluadas y, por lo tanto, gestionadas. Hablamos, en concreto, del teletrabajo y el trabajo de plataforma.

La digitalización puede aumentar factores de riesgo psicosocial, que son más difíciles de observar y, a menudo, de prevenir, que los relacionados con la seguridad física de las personas

TELETRABAJO Y PLARAFORMAS

Podemos situar las primeras experiencias de teletrabajo moderno en la década de 1970. En aquel momento supuso desplazar el trabajo al trabajador, de manera que el trabajo hasta entonces desarrollado dentro de la empresa podía, por mediación de las tecnologías digitales, llevarse fuera del espacio físico habitual. Con posterioridad, el teletrabajo ha facilitado la oportunidad de atraer conocimiento externo a la empresa, sumando a la organización trabajo contractualmente externo. También ha permitido fragmentar el proceso productivo y trasladar su realización a cualquier otro lugar y momento, externalizando parte de la actividad. Asimismo, encontramos las prácticas de teletrabajo parcial, muy vinculadas al objetivo de conciliación vida-trabajo, para facilitar a las personas contratadas laboralmente trabajar desde fuera de la organización física.

El hecho de que el teletrabajo implique que la actividad laboral se desarrolle fuera del espacio de la empresa puede invalidar una evaluación de riesgos formal, que necesita centrarse en un espacio y tiempo de trabajo concretos. Es decir, si se olvida el trabajo realizado fuera de estos límites, no se puede hacer prevención de los riesgos asociados a esta nueva modalidad de prestación. Además, si físicamente el trabajo queda fuera de las instalaciones de la empresa es más fácil identificarlo como externo y, en consecuencia, no contratarlo bajo la modalidad laboral. En tal caso no será obligatorio realizar una evaluación de riesgos por parte del empresario, dado que la prevención del trabajador autónomo queda excluida de su ámbito de responsabilidad, excepto en lo que implique la necesidad de coordinar sus actividades.

El hecho de que el teletrabajo implique que la actividad laboral se desarrolle fuera del espacio de la empresa puede invalidar una evaluación de riesgos formal.

Por su parte, las plataformas digitales son recientes, muy posteriores al teletrabajo, y su desarrollo se vincula a organizaciones íntegramente digitales, que fragmentan en tareas menores las actividades vinculada a un puesto de trabajo. La digitalización permite asignar grandes volúmenes de pequeñas tareas independientes a un gran grupo de trabajadores conectados a la organización a través de la red. No existe un lugar físico de trabajo y es la plataforma digital la estructura que recibe las microtareas de trabajo a gran escala y, a alta velocidad, organiza su distribución y facilita el procesamiento de las mismas. Generalmente se otorga algún tipo de flexibilidad al trabajador para decidir qué tareas realizar, cómo y cuándo, lo que aparentemente rompe la vinculación organizativa con el empresario. Dado que los trabajadores de plataforma suelen ser considerados autónomos (a pesar de recientes sentencias en contra), la empresa dueña de la plataforma no está legalmente obligada a ocuparse de los riesgos para la salud de esos trabajadores.

Así, tanto en el caso del teletrabajo como en el trabajo de plataforma se dan dificultades para que el empresario evalúe y controle las condiciones de trabajo. Cuando el teletrabajador es empleado por cuenta ajena, la causa aparente es su localización fuera de las instalaciones del empleador. En el teletrabajo autónomo y el trabajo de plataforma, a la anterior dificultad se le une la falta de obligación legal del empresario que utiliza los servicios de dichos trabajadores o que posee la plataforma. Pero los trabajadores, por cuenta ajena o autónomos, en estos contextos, a menudo no pueden responsabilizarse fácilmente de los factores de riesgo que les afectan, sobre todo en los aspectos de tipo psicosocial. En cambio, las empresas tienen información abundante que les permite conocer y controlar muchos de los más relevantes factores de riesgo.

Para empezar, aunque con el teletrabajo aparentemente se está sustrayendo parte del trabajo de la esfera física de control y organización del empresario, en realidad se está transformando en digital la información que el empresario tiene sobre toda la prestación de trabajo. El mismo canal digital que posibilita el teletrabajo —autónomo o asalariado— también faculta al empresario a obtener información, entre otra, sobre la ubicación de la persona, el tiempo de trabajo o la velocidad de desempeño y a obtener indicadores de productividad y control.

En las plataformas digitales, las tareas se asignan a las personas mediante algoritmos que pueden ser diseñados para dirigir, supervisar y disciplinar el trabajo, lo que no deja de ser una nueva forma de ejercer el poder de dirección y control del empresario, incluso tratándose de trabajadores externos. La digitalización de la prestación va a permitir al empresario tener el control y dirección sobre la actividad en relación, por ejemplo, al tiempo de ejecución o al cumplimiento de los estándares de calidad.

MARCO NORMATIVO

Para que el empresario llegue a desempeñar esta tarea de prevención en el contexto del trabajo digital, es necesario que cuente un marco normativo adecuado. Nuestra Constitución reconoce el deber público de velar por la seguridad y la salud en el trabajo, no del trabajador, y por tanto garantizar la protección frente a los riesgos laborales debe considerarse una obligación pública, coadyuvante a la obligación del empresario. Hay que reconocer que, desde su origen en 1900 con la ley de accidentes de trabajo, la intervención preventiva sobre los riesgos laborales en España ha mejorado de forma generalizada, especialmente en los últimos veinticinco años. No obstante, se mantiene todavía una visión restrictiva en la materia y un cierto carácter burocrático o de simple cumplimiento de la normativa. Además, las estadísticas de accidentes y lesiones en el trabajo se consideran un indicador representativo del grado de eficacia de la prevención, lo que limita la iniciativa para pensar en el futuro y la capacidad de anticiparse a posibles nuevas afecciones. En este sentido, prima una acción más proteccionista que preventiva, orientada al cumplimiento de la normativa. Al centrarse en los daños actuales, se olvida orientar la actuación preventiva hacia los problemas del mañana y dificulta la consideración de nuevos factores de riesgo que posiblemente se harán visibles en el futuro.

Para que el empresario llegue a desempeñar esta tarea de prevención en el contexto del trabajo digital, es necesario que cuente un marco normativo adecuado

Por otra parte, el debate legal parece centrado en sí el trabajo es o no subordinado, lo que actualmente es determinante en la actuación preventiva del empresario. El punto neurálgico del desarrollo del trabajo del futuro no puede limitarse a discutir si el trabajo de la era digital fomenta un barrido de las leyes laborales y permite eludir las responsabilidades de las nuevas empresas. Sino que ha de permitirnos ampliar el concepto de trabajador y aparcar el status de autonomía para definir el grado de protección.

Además, el modelo preventivo sigue centrado prioritariamente en la seguridad y la higiene industrial y presta poca atención a la psicología y la ergonomía, que como hemos visto son clave en el trabajo digital pero son difíciles de medir y gestionar. La novedad y posible dificultad para evaluar y gestionar los negocios para la salud en el trabajo digital no es justificación para no buscar el modo de hacerlo. La mayoría de los problemas de salud no surgen de manera espontánea sino que se generan con el tiempo, favorecidos por la concurrencia de factores de riesgo. La existencia de un periodo de latencia, más o menos prolongado, puede implicar que estos factores no siempre estén claramente visibles o, simplemente no se identifiquen como lesivos. Por ello, una prevención eficaz debe tener en cuenta, junto a los riesgos conocidos, las situaciones nuevas, fruto de los cambios económicos, tecnológicos y organizativos, que van surgiendo y que pueden comprometen la salud del trabajo, a corto y a largo plazo.

La tecnología puede ayudarnos en este empeño, poniéndose al servicio de la prevención sea cual sea la relación contractual del trabajo. Si la tecnología puede utilizarse para controlar el trabajo interno y externo, también puede utilizarse para mejorar el bienestar de los trabajadores buscando un equilibrio entre las demandas y recursos de las personas, y no solo del mercado.

RESEÑA BIBLIOGRÁFICA

FERNÁNDEZ AVILÉS, J.A. (Dir.). «El trabajo en la economía colaborativa y la prevención de riesgos laborales», UGT-CEC, 2018. Accesible en http://www.ugt.es/sites/default/files/03_guia_estudio_0.pdf

LUQUE PARRA, M.; GINÉS I FABRELLAS, A. «Teletrabajo y prevención de riesgos laborales», CEOE, 2015. Accesible en https://contenidos.ceoe.es/PRL/var/pool/pdf/cms_content_documents-file-915-estudio-teletrabajo-y-prevencion-de-riesgos-laborales.pdf

RIMBAU GILABERT, E. «Digitalización y bienestar de los trabajadores», IUSLabor, 2019, No 2. Accesible en https://www.upf.edu/documents/3885005/227528459/Rimbau.pdf/70e7b5b0-686d-d2f0-5c98-4a6cb2ec0019