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Poder lúdico

Graciani García, María

Capital Humano, Nº 352, Sección Crecimiento profesional, Abril 2020, Wolters Kluwer

Portada

Uno de mis momentos favoritos del día es cuando salgo a pasear con Atila, mi simpático Pastor Alemán. Hay un parque que le encanta, una vez que llegamos allí, lo suelto y corremos juntos, disfruto viendo su perruna expresión: saca la lengua, le brillan los ojos, salta como si fuera una cabra montesa... ¡Es la «perrunificación» de la alegría y la diversión! Atila tiene la capacidad de recargarme la batería, aún cuando el día ha sido complicado, y es que el saber jugar, el divertirse con naturalidad, nos aporta una especie de serenidad nutritiva que funciona como una potente proteína mental y emocional, teniendo la propiedad de volvernos más fuertes y capaces, de agudizar nuestro ingenio, de materializar en contundentes realidades nuestros sueños... Sin duda, quien descubre su poder lúdico, se convierte en alguien único.

LA EFICIENCIA DE LA DIVERSIÓN

¡Cuanta razón tenía Platón! él solía decir que «puedes descubrir más de una persona en una hora de juego que en un año de conversación», posiblemente el autor de La República sabía que el juego es la inteligencia en acción, el ingenio al desnudo, con mayor poder transformador que un diálogo sesudo... El tiempo se pasa volando cuando lo conjugas disfrutando, ya sea con tu familia o en la oficina, generas más riqueza cuando practicas a diario la original disciplina de la diversión... La eficiencia del poder lúdico es alucinante, por ejemplo, ¿cómo llegó el rey de la selva a ser tan importante? puliendo sus habilidades desde cachorro, a base de simulacros de caza, de jugar a las peleas con sus iguales... Las lecciones del juego son elementales... Aún recuerdo el patio de mi colegio, El Claret, como una pequeña recreación de la vida: yo jugaba al baloncesto, saltaba a la comba, paseaba y reía con mis amigos... El recreo de media hora siempre se me quedaba corto, será porque esa es la naturaleza del «recreo»: cuando te recreas, el tiempo vuela...

LA RENTA INTERIOR

Así, casi sin darme cuenta, estaba generado una valiosa renta: ejercitando mis habilidades sociales, desarrollando las competencias emocionales, probando sobre el terreno mis ideales, cultivando la curiosidad y la diversión a base de crear realidades... ¿Acaso no son esas las llaves que abren las puertas de las oportunidades humanas y profesionales? La renta interior es el activo de mayor valor en la Era de la información, donde la formación, afortunadamente, es bastante accesible, lo que nos diferencia son los intangibles; gracias a ese huerto de los valores disfrutamos de los sabores que nos hacen ser mejores...

Ya lo sabes, la próxima vez que tu hijo desparrame todos sus colores sobre la mesa, coge uno y confiesa que a ti también te encanta pintar.