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Resiliencia y Teletrabajo

González, Carlos

Capital Humano, Nº 352, Sección Crecimiento profesional, Abril 2020, Wolters Kluwer

Portada

Carlos González

Partner & Co-Founder de empathic warriors

«La vida se desarrolla donde fluye la empatía», eso creo.

Todos vamos a enfrentarnos a lo largo de las próximas semanas o meses a un nuevo entorno. ¿VUCA? No. Es simplemente, NUEVO. Tan nuevo y amenazante que nos hace sentir muy vulnerables y muy frágiles. ¿Qué va a pasar? No lo sabemos. ¿Cuánto durará? No lo sabemos.

Y en este contexto, la vida continúa. Nuestros trabajos continúan. Tenemos que cuidarnos y seguir trabajando duro para hacer frente a la situación y atender a nuestras familias y seres queridos. Para abordar el reto que tenemos delante, ¿qué podemos hacer?

Lo más normal es que el cambio de rutinas, el estar «encerrados», la falta de movimiento, la incertidumbre ante el futuro y sobre la duración de esta situación pueda debilitarnos y hacernos sentir más frágiles, incluso de forma objetiva debilitarnos. Es una situación que puede darse, ¿por qué no? Es sencillamente humana.

Sin embargo, también podemos, sabiendo que esto puede ocurrir, trabajar en una estrategia que nos ayude a responder a tanta exigencia de forma más positiva y con más energía. La estrategia: CULTIVANDO NUESTRA RESILIENCIA.

¿RESILIENCIA? …

..es una actitud que podemos cultivar para mantenernos centrados en lo importante de la vida

(la salud, la familia, los trabajos, la comunidad,…)

en vez de en las urgencias o en las ansiedades,

(sin dejarnos llevar por las emociones negativas),

cultivando hábitos y rutinas positivas, empáticas y sostenidas en el pensamiento crítico.

¿Por qué positivas, empáticas y basadas en el pensamiento crítico (PEP)?

Como decía Viktor Frankl, somos libres de elegir cómo responder a esta nueva situación de aislamiento, teletrabajo y vulnerabilidad.

«Así, en tales condiciones, el hombre es libre de decidir lo que quiere ser, mental y espiritualmente.

Puede elegir conservar su dignidad humana, incluso en un campo de concentración.»

Así que, dado que es posible escoger, escojamos PEP. ¿Why? Tres argumentos de tres científicos más que reconocidos internacionalmente:

  • 1. M. Seligman, fundador de la psicología positiva: «La vida inflige los mismos contratiempos y tragedias tanto a los optimistas como a los pesimistas, solo que el optimista las resiste mejor». Quizás porque todo su organismo se alía contra la crisis: el positivismo activa el sistema inmunológico, el metabolismo en general… Aliémonos pues con la positividad.
  • 2. A. Bandura:«Confiar en ti mismo no garantiza el éxito, pero no hacerlo garantiza el fracaso». ¿Alguien se imagina a cualquier profesional haciendo bien su trabajo y diciéndose a sí mismo, rumiando a todas horas: «voy a fracasar, no lo conseguiré, de esta crisis no salimos…»? No. No rumiemos pues pensamientos de desgracia.
  • 3. Stephen Hawking:«Incluso la gente que afirma que no podemos hacer nada para cambiar nuestro destino, mira antes de cruzar la calle». Así que la posibilidad de cambiar es una estrategia inteligente. Y la neurociencia ha demostrado que cambiar es factible. Es posible cambiar rutinas porque podemos construir nuevas sinapsis.

¿Es posible cultivar la Resiliencia? Sí. Cultivando nuevas sinapsis, es decir, cultivando nuevos hábitos de positividad, de emociones que renuevan, de aceptación de emociones que desgastan, de empatía… Sinapsis PEP.

Veamos algunos de estos hábitos resilientes tipo PEP (de forma muy sintética. Si te quedan dudas o quieres saber más, aprovecha esos días para investigar y profundizar en ellas). Son hábitos sencillos, solo que exigen disciplina. Puedes ir integrándolos día a día en tu hacer cotidiano. Con ritmo y sin pausa. Si los practicas te saldrá «la tableta abdominal de la resiliencia». Ahí van:

  • 1. Cuidarnos, aprendiendo a mantener y renovar nuestra energía física:
    • i. Tomando el sol, aunque sea por la ventana, al menos 15 minutos al día, todos los días. Ayudará a nuestro cuerpo a acompasar nuestro ritmo circadiano al ciclo del día. Y, entre otros beneficios dormiremos mejor.
    • ii. Realizando estiramientos, varias veces a lo largo del día. Espalda, cuello, brazos… Especialmente si pasamos muchas horas sentados delante del ordenador. Estírate o contractúrate, tu elijes.
    • iii. Practicando respiraciones profundas y conscientes, especialmente cuando notes que estás algo más cansado o más ansioso… Respirando calmas la mente y sus procesos mentales más ansiosos.
    • iv. Realizando —lo llamamos— «pequeños movimientos», que activan tu metabolismo. Activar el metabolismo es sentir más energía en el cuerpo: más oxígeno en tus venas, combustión de calorías… Lo contrario es dejar caer tu cuerpo en la silla o el sofá… Al cabo de unas horas, sin hacer nada de nada, te sientes agotado.

      ¿Cómo hacerlo? Nada complicado: andar por la casa algo rápido, levantarte y sentarte en la silla 10 veces a buen ritmo y de forma consciente sintiendo tus movimientos, haciendo algunas sentadillas como si te agacharas a recoger algo del suelo, jugando con los niños si los tuvieras en casa (carreras de sacos en el pasillo, peleas de cosquillas…)

    • v. Manteniéndote bien hidratado: dos litros de agua al día. No vale cafés, bebidas gaseosas y cervezas. Estos ayudan a deshidratarse, y las dos últimas a coger peso (…entre otras cosas).
    • vi. Manteniendo una dieta equilibrada. Comiendo incluso un poco menos que en situaciones habituales: aplícate la regla la 80%. Comer solo el 80% de lo que comes habitualmente (no me refiero a personas que están siguiendo tratamientos bajo supervisión médica, sino a los que nos gusta comer con alegría…).

      Aprovecha para cocinar platos saludables, hay millones de recetas en internet. Además, cocinar es un planazo para compartirlo con los niños (cortar verdura, amasar masa de pizza casera, …) o con la familia. El Master Chef familiar.

    • vii. Durmiendo 7/8 horas al día. Es esencial para recuperar energía y mantenernos con fuerza al día siguiente. Pero no más. Puede provocar el efecto contrario. Reducir nuestra energía y sensación de vitalidad.
  • 2. Cuidarnos, meditando 20’ al día. O 10’, o 5’ … para empezar. Y luego, cada día un poco más. Es una forma excelente de entrenar a nuestra mente en mantener el foco en lo importante y en no caer en pensamientos rumiantes (muchas veces negativos y destructivos) o de mente de mono (erráticos y sin meta, que consumen mucha energía sin llevarnos a ningún sitio). No se necesita nada especial. Solamente a uno mismo y permanecer presente. Sentado, respirando y observando nuestra respiración o nuestro abdomen como se llena y se vacía.
  • 3. Cuidarnos, definiendo una meta, un propósito… ¿por qué vas a hacer todo este esfuerzo de cambio de hábitos? Por ti mismo. Por tu familia. Porque nos queda mucho por delante que seguir aprendiendo y disfrutando.

    Cada uno tiene su meta. Los japoneses lo llaman ikigai. Quizás esta estancia en casa, tele-trabajando te ofrece muchas horas que antes no tenías para reflexionar sobre tu ikigai y encontrarlo o, mejor aún, si ya lo tienes claro, para fluir con él y dedicarle tiempo.

    Y si no lo has encontrado todavía, me atrevo a sugerirte uno: servir a los demás. Sea tu familia, tu equipo o tus clientes —aunque ahora todos sean virtuales—. Servir es pensar como ayudarles y hacerlo. Está estudiado que las personas que prestan ayuda a los demás se sienten llenos de energía.

  • 4. Cuidarnos, fluyendo cuando nos ponemos a tele-trabajar. Para ayudarte a fluir puedes seguir este hábito virtuoso:
    • i. Empieza por la Intención. Preguntándote, ¿cómo puedo ayudar al equipo, al cliente, a mis colegas…? Ayudar, servir puede ser tu ikigai.
    • ii. Respondiéndote a la pregunta, ¿qué es prioritario que termine o haga hoy? ¿Qué necesitan mis stakeholders?
    • iii. Clarificando, ¿Cómo tengo que hacerlo?
    • iv. Y también si tengo los recursos que necesito antes de empezar.

      Así, antes de empezar, me habré preparado para comenzar sin ruidos, ni confusiones, ni falta de perspectiva. Es terrible dejarte llevar por la inercia y ver que no avanzas porque te faltan recursos o no has meditado adecuadamente qué es lo importante o porqué haces lo que haces —la intención. Las interrupciones derivadas de ello no te dejarán fluir y te pueden llevar a la frustración o la ansiedad… Sólo, por no planificar—.

    • v. Concentrándote. Meditando 3’. Respirando profundamente. Recuerda la intención hacia las personas que estás sirviendo. Y, a continuación… 3, 2, 1… Acción. Empieza el espectáculo.
    • vi. Descansando cada 45’ /60’. Cuídate aplicando el punto 1 y cuida también de los tuyos, con los que compartas este periodo de aislamiento.
    • vii. Felicítate por tus progresos en las tareas y proyectos; felicita a los otros y agradece la ayuda a los que colaboran contigo o te encargan trabajos (sí, gracias por darme trabajo).
  • 5. Cuidarnos y cuidar a los que nos rodean (física y virtualmente) cultivando emociones que renuevan. ¿qué cuáles son estas emociones? Gratitud, amor, paz, alegría… Como decía V. Frankl, podemos decidir dónde queremos anclarnos. ¿En las emociones que desgastan, rumiando y rumiando emociones negativas (tristeza, miedo, enfado…)? Mejor no. ¿O en las emociones que renuevan? Mejor promover éstas.

    Pero, ¿cómo lograr asumir esa decisión? Practicando PROA. Parar, Respirar, Observar y Actuar. Cuando observes que estás entrando en fase rumiante negativa: Para y Respira profundamente. Observa con pensamiento crítico cómo te encuentras. Coge perspectiva. ¿Estás en casa, con trabajo, rodeado de los tuyos, sano, con comida en la nevera, música, internet, libros…? Emplázate a aprovechar la oportunidad que tienes. Agradeciendo como estás. Y visualiza lo positivo del momento. Depende de ti. Empoderándote a actuar con emociones que renuevan. Por ti y por los que te rodean.

    Y si ves que esto no funciona. Cambia de actividad y elige alguna actividad física que ayude a calmar tu mente. Recuerda acciones del punto 1: estiramientos, cocinar, pequeños movimientos, hacer cosquillas… O del punto 2: meditar.

    También hay que convivir que es normal caer en emociones que desgastan. Aceptémoslas. Podemos compartirlas. Podemos sacarlas fuera con mimo y empatía. La tristeza, la rabia… son legítimas, son parte de nosotros. No hace falta exigirnos estar siempre bien. Ni tampoco los que nos rodean. Hoy puedes caer tu, mañana el otro. Cuidarnos, respetarnos y acompañarnos es parte del cuidado emocional.

    El reto es no quedarnos atrincherados en las emociones que nos degastan. Reconocerlas, aceptarlas .. Y, ¿para salir? Practicando la conversación abierta sobre estas emociones, sobre los temas que nos preocupan, practicando PROA, practicando el punto 1 y 2…

  • 6. Cuida de los tuyos. Lo que más necesitan es de tu cariño y amor. Aprovecha estos días, semanas… para, mirándolos a los ojos (no vale emoticonos porque no estimulan las neuronas espejo):
    • i. Decirles gracias, gracias, gracias… por ser, por estar ahí, por los momentos que compartís. Gracias por sonreír, o por preparar el desayuno, o por recoger el cuarto, o por ese beso…
    • ii. Diciéndoles lo importantes que son para ti.
    • iii. Demostrándoles que estás orgulloso de ellos.
    • iv. Dándoles abrazos de más de 6’’… porque es entonces cuando se activan los neurotransmisores de las emociones que renuevan.
  • 7. Cuidarnos y cuidar de los demás, sonriendo mucho… es contagioso (de los buenos contagios). Además, despierta las neuronas espejo y ayuda a entrar en un círculo virtuoso de alegría y de neurotransmisores de felicidad, placer y paz. Y, como venta cruzada, además mejora el sistema inmunitario…
  • 8. Cuidarnos y cuidar a los demás centrándonos en lo que depende de nosotros… Como dice la oración de Reinhold Niebuhr:

    «Señor, concédenos la gracia de aceptar con serenidad las cosas que no pueden cambiarse, el coraje para cambiar las cosas que deberíamos cambiar así como la sabiduría para distinguir unas cosas de otras».

Se acaba la tribuna. Ya seguiremos practicando PEP. Mientras tanto: tele-trabaja, cuídate y cuida a los que te rodean. Eso sí, utilizando el método PEP (positividad, empatía y pensamiento crítico) en cuerpo, en mente y corazón, y también en el espíritu.