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Entrevista a Luís Fernando Álvarez-Gascón, Presidente del FEI y Director General de Secure e-solutions de GMV

“La vida profesional no debería estar atada a la supervivencia de nuestro empleo actual”

  • 21-4-2020 |

    Redacción de Capital Humano

Redacción de Capital Humano

  • El Foro de Empresas Innovadoras (FEI) ha presentado el libro «Innovación Tecnológica y Empleo», donde aborda el impacto que la robotización y la digitalización va a tener de forma inmediata en nuestro mercado laboral. Ha editado este ensayo como herramienta de análisis, proponiendo soluciones y en colaboración con el sistema educativo e investigador. El objetivo: aprovechar las oportunidades de desarrollo económico y social de esta transformación, minimizando sus riegos. Para analizarlo hablamos con Luís Fernando Álvarez-Gascón, Presidente del FEI y Director General de Secure e-solutions de GMV.

Pregunta.- Ante la irremediable robotización y digitalización de los sectores económicos, los trabajadores españoles temen que se destruyan y precarice el empleo. ¿Qué propuestas presenta el Foro de Empresas Innovadoras para paliar la situación?

Luís Fernando Álvarez-Gascón.- En todo el mundo, la introducción de diversas tecnologías, las digitales en lugar destacado, están transformando los negocios y los sistemas productivos, automatizando algunas tareas que anteriormente venían siendo desarrolladas por trabajadores. O tal vez de forma más representativa, asistiendo a los trabajadores en algunas tareas, con mejoras en eficiencia o calidad. Sujeta a matices importantes, allí donde esta sustitución o complemento tenga sentido económico, va a tender a progresar inexorablemente. Donde la competitividad sea relevante, los incentivos son evidentes. Está claro que esta dinámica no incide igual en todos los sectores, y que al menos teóricamente, la regulación también puede tener un impacto determinante. De hecho, afortunadamente estamos viendo cómo el despliegue de la inteligencia artificial en determinados ámbitos está siendo precedido por una reflexión sobre los requisitos que debemos exigir a la automatización de la toma de decisiones, como la capacidad de comprender esas decisiones, o demostrar la ausencia de sesgos…

Todo apunta a que la digitalización, además de transformar muchas de las tareas actuales, generará otras diferentes, incluso empleos diferentes. Hace treinta años, profesiones como las de marketing digital o hacking ético, virtualmente no existían. No existe un estudio concluyente sobre si estos nuevos empleos superarán en número, o no a los que se destruirán como resultado de la automatización. En cualquier caso, tanto para quienes trabajen en ellos, o en los puestos tradicionales transformados por la digitalización, resulta evidente que la inmensa mayoría de los trabajadores tendrán que evolucionar a través de una formación continua.

En este contexto, el FEI hace una serie de recomendaciones, empezando por la monitorización del impacto de las tecnologías en la actividad laboral. En segundo lugar, propone combatir la brecha digital, que puede marginar a capas importantes de trabajadores carentes de las habilidades digitales necesarias, a través de un Plan Nacional de Inclusión Tecnológica de todos los ciudadanos. Se plantea, asimismo, incentivar tanto a empresas como a trabajadores con formación continua en habilidades digitales, que garantice su empleabilidad futura. Esta actividad podría incluso encajarse como obligatoria durante la jornada laboral. Finalmente, recomienda estar atentos a la conveniencia y viabilidad de una paulatina reducción de la jornada laboral, acompasada a las ganancias de productividad por automatización y al mantenimiento de la competitividad de las empresas. Aunque hablemos de transformación del empleo, no es menos cierto que se trata al mismo tiempo de un proceso de transformación de todo el tejido productivo, de las empresas en particular, que se juegan su supervivencia en el camino.

P.- ¿Cómo piensan conseguir que los beneficios de la digitalización y robotización reviertan en progreso y prosperidad para todos?

LF.- Lógicamente el FEI no tiene capacidades ejecutivas en esos temas. Su papel, en materias vinculadas con la innovación, es el de analizar realidades y tendencias, reflexionar sobre ellas y hacer propuestas para que, en los ámbitos ejecutivos, se tomen las acciones necesarias.

El FEI aporta una característica diferencial como foro de reflexión: la diversidad e independencia de sus miembros. Sus reflexiones, que integran experiencias y puntos de vista muy diferentes, resultantes de dilatadas y reconocidas trayectorias profesionales ─desde la ciencia y la universidad, a la empresa y a los agentes sociales─ constituyen su principal activo.

En este punto, empezamos por señalar que esta nueva Revolución Industrial traerá aún más riqueza a la humanidad, y de manera más sostenible. La tecnología no ha dejado de hacerlo a lo largo de toda la historia. Como consumidores (y no conviene que nos olvidemos de esta perspectiva), tendremos en principio acceso a más bienes y servicios que nuestros antepasados, que debería revertir en la mejora de la calidad de vida.

A la vez, desde la perspectiva de la producción, esta transformación va a provocar una relativamente rápida evolución del empleo, como ya hemos comentado. Y los riesgos de desubicación de una parte importante de los trabajadores y de un reparto de riqueza muy desigual, no podemos obviarlos, por lo que sería necesario acompañar esta evolución con medidas capaces de paliarlos. No sólo entre los tradicionales factores de capital y trabajo, sino entre los propios trabajadores.

Desde el Foro consideramos que siempre será un mejor lugar de partida disponer de un tejido empresarial moderno y competitivo, capaz de generar empleo y riqueza al país y tener a muchas de nuestras empresas en el grupo de los líderes, que aferrarse a un modelo productivo caduco abocado a perecer. Serán además este tipo de empresas las que den oportunidades a los trabajadores que se han cualificado para responder a nuevas demandas del mercado.

Asimismo, las políticas de formación e inclusión que propone el FEI pretenden que ningún trabajador español quede descolocado fatalmente en este nuevo escenario. También entendemos que la fiscalidad y otras políticas públicas tendrán que evolucionar en materia de empleo, pensiones, sanidad y otros servicios, para hacer sostenible la nueva sociedad que emergerá de esta Cuarta Revolución. Porque es evidente, que la cohesión social no se logra automáticamente. Son necesarias acciones de gobierno destinadas a conseguirla en el contexto de esta transformación, acciones construidas desde el diálogo entre los agentes sociales y bases democráticas.

P.- ¿Están España y sus empresas preparadas para reconocer la formación continua como un derecho y una obligación? ¿En qué plazos cree que estos programas, de ponerse en marcha, podrían empezar a dar sus frutos?

LF.- Una adecuada formación en el trabajo es una asignatura pendiente en nuestro país. Ni las empresas han apostado lo suficiente, ni tampoco ha estado entre las reivindicaciones ni preocupaciones prioritarias de los trabajadores. En un caso y otro, parecería que ha primado una cierta «titulitis» por encima de la actualización continua y la evaluación del conocimiento. De manera que debemos afrontar un cambio de calado que requerirá de nuevos programas públicos, nuevas estructuras formativas y reajuste de los procesos en las empresas, empezando por la gestión del talento, sin olvidarnos de abordar un auténtico cambio cultural. Afortunadamente, las propias tecnologías digitales han mostrado su capacidad para generar una oferta y programas formativos más adaptados a esta nueva realidad.

De hecho, desde el FEI anticipamos la necesidad de cambios legislativos. La propuesta de debate que se hace en la publicación del FEI «Innovación Tecnológica y Empleo», en torno a la introducción de la formación en el trabajo dentro del capítulo de derechos (y obligaciones) de los trabajadores, es una de las más potentes. Resulta evidente que enfrenta dificultades, no ya de acuerdo inicial entre las partes, sino de ejecución. No se puede contemplar de la misma forma desde una gran empresa establecida, que, desde una pyme, y más aún cuando se pone en el contexto de las nuevas relaciones laborales, frecuentemente mucho más circunstanciales de lo que fueron en el pasado.

El diseño y puesta en marcha a pleno rendimiento de esta propuesta, incluyendo los programas formativos, acuerdos con entidades prestadores, mecanismos de gestión en las empresas…, podrían llevar unos pocos años, y requiere de una intensa colaboración público-privada. Es un reto notable crear o actualizar agentes formativos de distintos niveles que permeen en todo el territorio y en todas las áreas relevantes, con la granularidad y flexibilidad necesarias, muy atentos a las necesidades de empresas y trabajadores. Pero no deberíamos esperar a tenerlo todo atado para empezar a funcionar, pilotando el proceso en alguna tipología de empresa/sector y geografía(s), para comenzar a aprender cuanto antes. Lógicamente, los resultados de la formación tardan algún tiempo en manifestarse, pero en mi opinión, muchos de los interesados obtendrían réditos en menos de un año, y a nivel país, podríamos empezar a sentir los efectos a mediados de la próxima década.

Ni las empresas han apostado lo suficiente, ni tampoco ha estado entre las reivindicaciones ni preocupaciones prioritarias de los trabajadores. Parecería que ha primado una cierta «titulitis» por encima de la actualización continua y la evaluación del conocimiento

Seguramente no hay mejor incentivo para un trabajador que saberse preparado para afrontar su futuro, con confianza por mantener al día sus competencias y empleabilidad. Su vida profesional no debería estar atada a la supervivencia de su empleo actual, cosa que puede estar más allá de las posibilidades de su empleador. Del mismo modo, en las empresas se tiene que entender que empleados formados y motivados son un pilar fundamental para su competitividad. En uno y otro caso, probablemente tengamos que hacer pedagogía. Es uno de los papeles del sector público, que quizá tenga otro más importante en la puesta en marcha de las instituciones y programas que hagan posible ese paradigma. Es obvio que la educación, pública y privada, debe caminar en esa dirección, generando la oferta formativa necesaria. El estado puede coordinar la puesta en marcha de toda la maquinaria administrativa necesaria, incluso los mecanismos de «liquidez» para su despliegue. No es lo mismo este paradigma cuando se contempla desde la realidad de una empresa grande que cuando se intenta aterrizar en el contexto de una Pyme alejada de grandes centros urbanos, y con una parte de su plantilla con una vinculación muy flexible.

P.- El despliegue masivo de tecnologías disruptivas va a traer consigo una transformación del puesto de trabajo y mejoras de la productividad. ¿Por qué el FEI defiende que es importante anticiparnos a ello tomando medidas que palíen los posibles efectos negativos?

LF.- Sea sustituyendo a los trabajadores o complementándolos en muchas de las tareas que definen su puesto de trabajo, estas tecnologías están transformando el empleo. Y no necesariamente a peor. Seguramente muchos empleados se están sintiendo liberados del desarrollo de tareas rutinarias e incluso peligrosas, para concentrarse en otras donde pueden aportar más valor. Pero también es cierto que esta transformación está provocando incertidumbre en muchos trabajadores. Es inevitable que determinados empleos tipo se vean muy afectados, hasta el punto de desaparecer como resultado de la automatización. Las personas que los desempeñan actualmente tendrán que acometer una reinvención personal, frecuentemente ingrata, que siempre precisa de un determinado esfuerzo, así como de recursos. Para evitar el fracaso y el riesgo cierto de que un número importante de trabajadores no tengan las oportunidades para desarrollar una actividad que les proporcione una renta adecuada, hay retos económicos y de cohesión social por afrontar.

Pero cierto es que los puestos de trabajo también se pierden debido a la defunción de las empresas, por ejemplo, si no son competitivas. No podemos perder de vista esta perspectiva empresarial cuando evaluamos los efectos de la automatización.

Por eso, debemos anticiparnos ante estos posibles escenarios: adoptando medidas que permitan que nuestras empresas y trabajadores se desenvuelvan adecuadamente en el nuevo mercado laboral, y para aquellos casos que lo requieran, revisar políticas e instrumentos públicos, comenzando a debatir para alcanzar acuerdos, antes de que tengamos que afrontar situaciones de emergencia social.

P.- La creación de empleo ¿de dónde provendrá?

LF.- Con las nuevas profesiones derivadas de la revolución digital no se creará empleo únicamente en las grandes empresas tecnológicas, sino, sobre todo, en las empresas usuarias de la tecnología. Tanto en grandes empresas como en PYMES y microempresas. Los puestos de trabajo creados por las grandes tecnológicas no serán únicamente de alta cualificación; también, y en una proporción no despreciable, puestos de baja cualificación.

Algunos estudios basados en la capacidad de automatizar las tareas que desempeña cada puesto de empleo tipo y de hacerlo en términos económicos, pronostican la probabilidad de sustitución del hombre por la máquina para ese puesto. Cuando unimos este análisis a las previsiones de desarrollo de la población, resulta muy probable que las profesiones vinculadas al cuidado de la salud o el ocio, por ejemplo, tengan un importante espacio de crecimiento.

En general, la creación de empleo que irá sustituyendo a la pérdida de puestos de trabajo como consecuencia de la revolución digital y la robotización, probablemente no provendrá tanto de profesiones emergentes totalmente nuevas, como de la evolución paulatina de empleos ya existentes y de los sectores maduros.

Y de nuevo, es relevante introducir la dimensión empresarial: serán las empresas competitivas en un escenario globalizado las que generen esos empleados. Es posible que unos sectores económicos se desarrollen en unos países, mientras se desploman en otros por falta de competitividad.

P.- ¿Qué papel deberían jugar en el proceso las Universidades, Centros de Formación Profesional y departamentos de Recursos Humanos de las empresas?

LF.- Empresas y trabajadores han de asumir que esta nueva revolución tecnológica tiene en el conocimiento su principal (y relativamente novedoso) activo, y que conlleva desarrollar un proceso de formación continua. No basta el impulso inicial que ofrece el sistema educativo reglado clásico. Es necesario crear y poner en marcha otros procesos formativos más flexibles y continuados a lo largo de la vida laboral. Una adecuada política de formación contribuirá a reducir notablemente la cantidad de empleo afectado negativamente por la digitalización y la desigualdad, reduciendo la polarización laboral y mejorando la empleabilidad de los trabajadores.

Universidades, Centros de Formación Profesional y Departamentos de Recursos Humanos de las empresas deben trabajar de forma sinérgica para diseñar y ejecutar los programas que permitan formar a los empleados en las necesidades actuales y futuras de las empresas. Algunas de ellas podrán optar por relaciones bilaterales con las entidades formativas. En muchos casos, será conveniente agregar esta demanda para la generación de esos nuevos programas. Las instituciones educativas/formativas deben evolucionar hacia una relación recurrente con los empleados, que siempre tendrán capacidad para orientar su evolución. En este terreno, la conexión de las Universidades con el tejido económico resulta esencial para dar respuesta a las necesidades del mercado laboral a futuro. En el caso de los Centros de Formación Profesional, cabe esperar una evolución realmente masiva capaz de darle la vuelta a su papel actual, demasiado reducido. Por último, no hay que dejar de lado la importancia que en la cualificación de los trabajadores tiene la oferta formativa vinculada a los grandes proveedores de tecnología, con programas de capacitación y acreditación para el despliegue de sus productos.

Una adecuada política de formación contribuirá a reducir notablemente la cantidad de empleo afectado negativamente por la digitalización

P.- ¿Cree que es necesario que los agentes sociales tomen mayor conciencia del cambio en el que ya estamos inmersos?

LF.- Definitivamente sí. No solo que tomen conciencia de ello, sino que den los pasos necesarios para aprovechar las oportunidades que brinda esta revolución tecnológica. Si no es así, no podremos evitar a tiempo los efectos adversos que pueda originar. Como dicen los autores del libro —Gonzalo León, José Varela y Jaime Laviña—, «todo cambio supone un reto que afrontar con innovación, pasión y el objetivo de construir nuevos escenarios socioeconómicos que traigan más prosperidad y equidad social». En todo caso, cabe resaltar que los sindicatos mayoritarios han abordado el análisis con una dosis de realismo y capacidad propositiva, digna de ser destacada. De momento no hemos apreciado un reflejo ludita en ninguna esfera relevante de la sociedad española.

P.- ¿Qué pasos habría que dar como país para aprovechar las oportunidades de la robotización y la digitalización, evitando los efectos adversos?

LF.- La robotización, digitalización y la incorporación de la nueva oleada de tecnologías, van a traer mayor riqueza y bienestar a la sociedad (pensemos en el impacto de los avances en salud, por ejemplo). Este progreso se va a producir y España debe mantenerse entre los países más avanzados, no sólo como consumidor de esas tecnologías, sino como actor importante de su desarrollo. Desde la ciencia a la innovación empresarial, se ha de trabajar por una posición de competitividad a nivel internacional basada en el conocimiento. Y a la vez, por la capacidad de gobernar el proceso, en sintonía con el resto de Europa. Una gobernanza que contemple aspectos críticos como la soberanía nacional (pensemos en la Ciberseguridad), o valores como la privacidad y la no discriminación. Así, como venimos defendiendo, las apuestas por la digitalización, la innovación y la formación van de la mano. Son las bases para la creación de una riqueza cuya distribución, posiblemente, tenga que hacerse a través de instrumentos adaptados a una nueva realidad.

P.- ¿Qué tipo de procesos formativos necesitan en este momento los trabajadores españoles para mejorar su empleabilidad presente y futura?

LF.- No es noticia decir que, ante la nueva realidad, es necesario contar con competencias digitales. Como describimos en el libro que hemos presentado, unas ideas básicas serían:

  • 1) Alfabetización en el uso de datos e información: para articular necesidades de información, localizar y recuperar datos digitales, información y contenidos. Valorar la relevancia de la fuente y su contenido. Almacenar, gestionar y organizar datos digitales, información y contenido. Disponer de un bagaje científico-matemático amplifica el potencial para explotar estos datos.
  • 2) Habilidades de comunicación y colaboración: interactuar, comunicar y colaborar mediante tecnologías digitales siendo consciente de la diversidad cultural y generacional. Participar en la sociedad a través de servicios digitales públicos y privados y de colaboración ciudadana. Gestionar la identidad digital y la reputación propia.
  • 3) Creación de contenidos digitales: crear y editar contenidos digitales. Mejorar e integrar información y contenido en un cuerpo de conocimiento preexistente, comprendiendo cómo aplicar derechos de autor y licencias.
  • 4) Conocimientos básicos de ciberseguridad y privacidad: proteger dispositivos, contenidos, datos personales y privacidad en entornos digitales. Proteger la salud física y psicológica, y ser conscientes del papel de las tecnologías digitales en el bienestar y la inclusión social.
  • 5) Resolución de problemas: identificar necesidades y problemas, y resolver problemas conceptuales y problemas de situaciones en entornos digitales. Utilizar herramientas digitales para innovar procesos y productos. Mantenerse actualizado con la evolución digital.

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