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Entrevista a Joaquín Nieto, Director de la Oficina de la OIT para España

“La reconstrucción tendrá que erigirse sobre un empleo de más calidad”

  • 21-5-2020 |

    Mercedes de la Rosa

Mercedes de la Rosa

Editora Jefe de Capital Humano

A propósito de la aparición global de la Covid-19, la Organización Internacional del Trabajo presentó una investigación sobre el impacto de la pandemia de coronavirus en el mercado de trabajo mundial en el que señalaba que el cierre total o parcial de los lugares de trabajo había afectado a alrededor del 81% de la fuerza de trabajo del planeta (casi 2.700 millones de trabajadores) y suponía la desaparición del 6,7% de las horas de trabajo en el segundo trimestre de 2020 (equivalente a 195 millones de trabajadores a tiempo completo). El siguiente informe elevó la pérdida equivalente de empleo a 305 millones.

Tres meses después de la irrupción de la pandemia en nuestras vidas y justo un año después de la celebración del centenario de la OIT, volvemos a hablar con Joaquín Nieto, Director de la Oficina de la OIT para España, para desgranar las conclusiones del informe del futuro del trabajo a propósito de la Covid-19 y evaluar los siguientes escenarios para el futuro próximo.

Mercedes de la Rosa

Editora Jefe de Capital Humano

Pregunta.- Hace un año hablábamos de que la digitalización iba a suponer la desaparición de millones de puestos de trabajo. Tras la Covid ¿Cuál es la situación que se presenta?

Joaquín Nieto.-La situación que se presenta es devastadora. El cese de la actividad económica y comercial que ha sido preciso realizar para afrontar la pandemia está generando una crisis de empleo que durará más que la propia crisis sanitaria. No sabemos cuánto, pero sí que sus efectos serán tremendos. 305 millones de empleos se podrían perder a nivel mundial, en Europa entre 12 y 15 millones, en España entre 1,6 y 2 millones... Miles de empresas van a desaparecer, particularmente en sectores como el turismo, la hostelería, el transporte de personas y mercancías que son claves en la economía.

En esta situación todos los países se están planteando una inversión multimillonaria para la reconstrucción. A diferencia de la crisis anterior que en la que los gobiernos europeos apostaron por una recuperación económica lenta con políticas de austeridad, en este caso todos los países están pensando en intentar acelerar la reconstrucción de la economía.

P.- ¿Hacia dónde debe ir orientada esa financiación?

JN.- Como bien dice su nombre, a reconstruir las economías. Pero no de cualquier manera, sino abordando en ese proceso las transformaciones pendientes: la transformación digital y la transición energética y ecológica. Transición que en una situación tan tremenda para el empleo energética tendrá que hacer, más que nunca, a través de la llamada «transición justa», es decir teniendo en consideración a las personas afectadas por los empleos que ya se han perdido y los que se puedan perder en esa transición con el objetivo fundamental de darles una protección social, una formación y, sobre todo, nuevos empleos que las nuevas fuentes de energía y la nueva industria crearán en mucha mayor cantidad de los que se pierdan.

P.- ¿Cómo estaba preparada Europa?

JN.- Europa, en lo que se refiere a la financiación de la reconstrucción tiene que ser extraordinaria y multimillonaria y tiene que atender a una situación peculiar y es que los países no tienen política monetaria propia, por lo que la acción inversora hay que hacerla conjunta, no hay posibilidad de reconstrucción país por país.

En lo que se refiere a la orientación de esa financiación extraordinaria Europa ya había tomado decisiones muy interesantes en esa dirección, previamente a la pandemia. La nueva Comisión Europea, presidida por Timmermans y Von der Leyen, ya había adoptado el «Green New Deal», un acuerdo verde para reorientar la economía europea con un consenso muy amplio. Habían avanzado conceptualmente, lo que todavía no se había definido con claridad era la financiación de ese acuerdo verde, ahora la reconstrucción va a permitir esa financiación.

P.- Entonces comentamos que esa transición se financiaría con el aumento de la productividad que supondría la digitalización ¿Cómo se financiará ahora?

JN.- Ahora la financiación tiene que ser extraordinaria, como corresponde a la situación tan extraordinaria como la que significa la crisis sanitaria y sobre todo la crisis económica y de empleo, de una magnitud desconocida en la historia contemporánea, generada por la pandemia. La inversión tendrá que extraordinaria en sus formas, pero también en su cuantía, muy superior a las inversiones públicas y privadas previstas previamente a la pandemia para afrontar la transformación digital y la transición energética, además de fortalecer los sistemas de salud pública y protección social y restaurar la situación económica de muchas empresas.

Se están logrando avances en Europa para movilizar recursos, al igual que está haciendo EEUU o Reino Unido. Lo que falta es decidir hacia dónde se va a orientar esa inversión, ésta es la discusión que se está iniciando ahora. España tendrá que acomodarse también a eso. En España había avanzadas ya estrategias de transición justa, un plan nacional integrado de energía y clima, todo esto cobra más valor aún. El proyecto de Ley de Cambio Climático recientemente aprobado por el gobierno y la constitución reciente del Instituto para la Transición Justa van en esa dirección. En este campo ahora mismo España tiene una de las posiciones más avanzadas, lo que está siendo muy valorado en la comunidad internacional.

P.- Muchas de estas políticas venían impulsadas por la agenda 20-30 de principios de año. ¿Sería sensato revisar esas previsiones?

JN.- Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas se revalorizan. Los países que más se acercaban a esos objetivos, en términos de protección social; contemplada en el Objetivo 1; de salud, contemplada en el 3; o de trabajo decente, en el 8; han estado en mejores condiciones para afrontar la pandemia que los que estaban más alejados.

Pero también es verdad que alcanzarlos en las fechas previstas va a ser en algunos casos un objetivo mucho más exigente, que tal vez requerirá modular los plazos adecuadamente. Por ejemplo, en el caso de la pobreza extrema se esperaba en 2020 una reducción de 14 millones de personas, sin embargo, la crisis económica y de empleo generada por la Covid-19 va a disparar su crecimiento en decenas o cientos de millones. Tal vez haya que modular los plazos, pero lo que es seguro es que habrá que redoblar los esfuerzos.

En España había unos índices de pobreza respecto a Europa muy elevados; incluida de pobreza laboral, en torno al 13%. Con la nueva situación habrá que hacer esfuerzos también en protección social sobre rentas mínimas de sectores más desfavorecidos.

Cada país tiene que alinear los objetivos de reconstrucción con los de Desarrollo Sostenible y remodelar su senda de cumplimiento adaptándola a la nueva situación y a las nuevas oportunidades. Cuando España presente su plan de reconstrucción tendrá que estar alineado con los ODS e incluso el alineamiento con ellos debe ser una base para el consenso, porque son objetivos que no pertenecen a ningún partido. Son bases muy interesantes para alcanzar un consenso. El acuerdo verde europeo y los ODS son la base para hacer los planes de reconstrucción

P.- ¿Los precedentes de las guerras mundiales, la gran depresión o la deslocalización pueden ayudar realmente a afrontar y dibujar el nuevo escenario o hay que inventar uno nuevo? ¿sobre qué debería estar erigido?

JN.- El plan Marshall, paradigma de las actuaciones post bélicas, fue un esfuerzo de reconstrucción extraordinario para levantar la economía sobre bases nuevas. Ésas son las enseñanzas que nos deben de valer hoy.

Construir la economía con bases nuevas, para una sociedad socialmente inclusiva sin dejar a nadie atrás, requerirá por ejemplo que la protección social sea más robusta, más protectora y más universal; que se implante en países donde no existe, se refuerce en aquellos donde se estaba debilitando y que llegue a todas las personas de manera inclusiva. La transformación digital y tecnológica que ya es claramente urgente e imprescindible tendrá que corregir las brechas que están apareciendo, de género, de edad, de procedencia social, entre país y territorios y entre el campo y ciudad. Realizar la transición energética y ecológica para ir a una economía baja en carbono y ambientalmente sostenible para evitar un cambio climático catastrófico y un colapso socio-ambiental fomentará la industria de las energías renovables, la economía circular, una nueva industria automotriz y la movilidad sostenible, edificios autosuficientes energéticamente, agroindustria ecológica, etc... todas ellas para generar millones de nuevos empleos un sistema productivo más sólido, resiliente y sostenible. Y en el caso de España, es una oportunidad única corregir las debilidades históricas de su sistema productivo y de empleo, con déficits recurrentes de cantidad y de calidad y desigualdades territoriales a superar.

Emprender las reformas necesarias en esa dirección es promover un círculo virtuoso, que resuelve simultáneamente desafíos interrelacionados. Fortalecer los sistemas de la salud, por ejemplo, permitiría resolver la situación de temporalidad no causal que sufren cerca del 40% de los profesionales de la salud que tienen contratos temporales para actividades en centros hospitalarios que están funcionando las 24 horas del día los 365 días del año y que para nada son temporales. Dar un nuevo valor a los trabajos de cuidados, que tan importantes son como nos ha mostrado la experiencia de la pandemia, y resolver las desigualdades en los cuidados no remunerados realizado principalmente por las mujeres, crearía las bases para superar brechas laborales de género históricas que hoy con toda la razón se consideran inaceptables.

P.- La OIT ha publicado un Estudio revisando el impacto en el mercado de Trabajo de la Covid 19 ¿Cuáles son las claves?

JN.- Proponemos 4 líneas de actuación:

  • La primera intentar proteger la economía y el empleo al máximo. Hay que evitar que el cese de actividad signifique el cese de las empresas. Para ello hay que ayudarles financieramente y facilitándoles la financiación. No puede pasar lo que en la anterior crisis que, siendo viables, muchas empresas tuvieron que cerrar porque no había préstamos.

    Lo mismo de cara al empleo, la falta de ERTE en la anterior crisis dio lugar a múltiples despidos. Hay que proteger a empresas, empleos y autónomos suspendiendo cargas fiscales, y ayudándoles económicamente en sus ingresos para que no desaparezca ese esfuerzo de emprendimiento que ha habido estos años.

  • En segundo lugar, establecer ingresos para las personas más vulnerables las que no pueden trabajar y las más vulnerables, con medidas especiales de apoyo social que complementen las existentes.
  • Tercero, la seguridad y salud en el trabajo. Protección de los trabajadores que están al frente de la lucha contra la pandemia y de aquellos que van incorporándose a los trabajos.
  • Y cuarto, diálogo social, que sigue siendo clave para que todas las demás sean posibles y efectivas y la base de la convivencia social, tan necesaria en tiempos de crisis. Desde la OIT apreciamos especialmente los esfuerzos gubernamentales y de las organizaciones empresariales y sindicales para mantener un diálogo social vivo en todo este tiempo y acordar en lo posible todas las medidas económicas y sociales.

P.- Hace un año hablábamos de que sería precisa una etapa de transición entre los puestos que se perdían y los que se generarían para que nadie se quedara atrás ¿Cómo ha de ser ahora entre la destrucción y la nueva creación?

JN.- En lo que se refiere a los puestos de trabajo relacionados con la transición energética, la aportación de este proceso a la creación de empleo duradero cobra mucho más valor en la nueva situación, así como la necesidad de articular una transición justa. De hecho, las decisiones en esta materia han continuado en plena pandemia y esto es algo muy positivo.

El 17 de abril se llegó a un acuerdo de transición justa para el cierre de las centrales térmicas en España. Un acuerdo del Gobierno con las empresas eléctricas y los sindicatos. ¿Por qué se ha podido llegar a este acuerdo? Porque el Gobierno ha puesto encima de la mesa medidas de protección social, medidas formativas y medidas de fomento a la actividad económica en los territorios más afectados y las empresas han asumido compromisos de inversión en dichos territorios, que en muchos casos van a mejorar la calidad y diversidad de la actividad económica e industrial y hacerla más inclusiva con posibilidades de empleo también para las mujeres y no sólo masculinas como lo era en las actividades tradicionales. En el mes de mayo, también en plena pandemia, el Gobierno ha aprobado la creación del Instituto para la Transición Justa, encargado de articular este proceso, y un proyecto de Ley de Cambio Climático que incorpora un proceso de transición laboral justo e inclusivo. Son medidas realmente avanzadas que cuentan con el reconocimiento internacional y son un ejemplo para otros países.

Ya no hablamos de teorías, hablamos de hechos e inversiones que se están ejecutando ya. En cuanto empiece la reconstrucción todo eso se hará con más fuerza. Si a la población que vive en las áreas concernidas por el cierre de actividades no se les dan unas perspectivas se resistirán al cierre. Si por el contrario aparecen nuevas oportunidades de empleo para el presente y el futuro, la transición ecológica y energética contará con un amplio consenso.

P.- ¿Qué lecciones nos deja a aprender la Covid en materia laboral?

JN.- La primera que ha permitido visibilizar la importancia y el valor del trabajo en la sociedad y, en especial, la importancia de determinados trabajos, relacionados con la salud, los cuidados, la limpieza, la recolección de alimentos y la seguridad, no siempre justamente valorados, reconocidos y remunerados.

Además, la experiencia ha permitido poner en valor la necesidad de contar con sistemas públicos de salud y con protección social que se han revelado imprescindibles para abordar cualquier contingencia. Los países que no tienen sistemas de salud pública tendrán que construirlos y los que los tienen tendrán que fortalecerlos. También los sistemas de protección social, para atender las pérdidas de ingresos cuando las personas no pueden trabajar y para no dejar a nadie atrás. Por eso es tan importante la formalización de la economía informal, porque sin ella no hay ingresos fiscales para sostener los sistemas públicos de salud y de protección social. Como efecto de la economía informal 1.600 millones de los 2.000 millones de trabajadores que en el mundo se han visto confinados, han quedado desasistidos, sin trabajo y sin ninguna posibilidad de ingresos. De la noche a la mañana más de la mitad de la población mundial ha pasado a la pobreza extrema o severa. Sólo los países más industrializados y de mayor renta, que cuentan con sistemas de protección social, han podido dar asistencia a su población, pero la gran mayoría de los países no, porque el 60% del trabajo en el mundo es informal.

Finalmente, aunque sin agotar todas las lecciones, una especialmente relevante es la que se refiere a las debilidades del tipo de globalización que hemos construido. No estamos solo ante un intercambio global de relaciones, conocimientos y mercancías, sino ante una hiperglobalización productiva que genera una dependencia excesiva de la producción de productos y materiales de unos países respecto a otros, lo que aconseja una cierta relocalización; por ejemplo, los productos sanitarios. También ante una hiperconexión vinculada a un incremento de la movilidad de las personas y de las mercancías, una hipermovilidad que no sólo es ambientalmente insostenible, por su contribución a las emisiones de gases de efecto invernadero; sino que es además económicamente cuestionable, porque está subvencionada y no internaliza los costes económicos asociados al deterioro medioambiental, y ahora también un riesgo para la propagación de las enfermedades transmisibles, que es necesario prevenir y controlar.