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¡Dale RAPE al COVID!

González, Carlos

Capital Humano, Nº 355, Sección Crecimiento profesional / Tribuna, Julio 2020, Wolters Kluwer

Portada

Carlos González

Partner & Co-Founder de empathicwarriors

«La vida se desarrolla donde fluye la empatía», eso creo.

Hemos utilizado mucho los últimos años el término «The VUCA World». Expresión que descubre las claves de lo que era nuestro mundo: volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad. También servía de acrónimo para definir el entorno en el que discurría la transformación digital, la crisis financiera del 2012, las nuevas formas de organizarse agile… No había conferencia que se preciase donde esta palabra no apareciera en uno o varios momentos: «The VUCA World». Hay otra expresión que también lleva de moda al menos 9 o 10 años, pero que recientemente se ha convertido en trending topic: «The New Normal».

A mi parecer ambas expresiones han muerto. COVID se las ha llevado por delante. Ha llegado para instalarse un nuevo VUCA, con V de Vulnerabilidad y un Normal, que su característica no es el NEW, sino que es Incierto. Nuestro normal actual se podría llamar Vulnerabilidad Incierta.

Ha aparecido en nuestros mercados, estados, empresas, ciudades y familias un virus (que no es ni ser vivo) que nos ha recordado de forma inexorable que somos vulnerables. Muy vulnerables. Frágiles. Impermanentes.

Da igual talentos, riquezas, edades, sexos… Es capaz de infiltrarse por cualquier resquicio y hacernos sufrir hasta la muerte. Y, además, como no se le ve llegar, nos obliga a vivir siempre alerta. Esto convierte en incierto todo lo que hacemos, tocamos, vemos, oímos… «¿Tendré el virus? ¿Lo tendrán ellos? ¿Seguiré siendo inmune? ¿Serán asintomáticos?»

Esta incertidumbre y sentimiento de vulnerabilidad pone nuestro cerebro en alerta. Despierta nuestras resistencias inconscientes. Una reacción de supervivencia. ¡Que bien lo expresaba David Rock en un artículo de la HBR titulado «Managing with the brain in mind»! Nos señalaba las claves de cómo opera el software de nuestro cerebro, sobre todo del límbico y reptiliano, diseñado para sobrevivir. No tanto para hacernos felices.

Dice Rock que:

  • Cuando mi estatus se puede ver afectado,
  • la incertidumbre impera en el día a día,
  • la falta de autonomía está presente en mi vida,
  • o la sensación de inseguridad en la relación con otros aparece…

el cerebro se pone en modo «sobrevivir», en modo: huyo / ataco / me paralizo. Parece que el mundo COVID reúne las 4 dimensiones. El coctel perfecto para derruir la confianza e instaurar el miedo. De dejarnos llevar por el jugar a no perder en vez del jugar a ganar.

Vivir con la incertidumbre

Posiblemente con la pandemia, a medida que ésta progresaba, y perdíamos trabajos o proyecto o clientes, o no sabíamos cuánto duraría el confinamiento, o perdíamos toda nuestra autonomía… nuestro cerebro entraba cada vez más en piloto automático, en modo diestrés, en modo carga alostática «que me supera». Modo estrés del negativo. Modo defensa. Quizás miedos rumiantes, quizás tristeza, quizás deseo de huir, quizás desesperanza…

Pero, ¿y ahora? Ahora que ya estamos en la mal llamada nueva normalidad. ¿Cómo gestionamos esta normalidad incierta? ¿Cómo lidiamos con nuestra vulnerabilidad? New suena a eufemismo para evitar decir la realidad — vivimos en un mundo de vulnerabilidad incierta.

Y no vale con abrir las puertas para reactivar la economía. Ni hiperregular nuestras vidas desde despachos de `políticos. Tenemos que reconstruir las bases de la confianza. No la de la liquidez del 2012. Ni la de tenemos suficientes mascarillas o geles. Sino la de relacionarnos de una forma que nos permita convivir en la incertidumbre, aceptando nuestra vulnerabilidad.

¿Qué podemos hacer las familias? ¿La ciudadanía? ¿Cada uno de nosotros en nuestros roles de hijos, padres, clientes, equipos, directivos…?

Propongo aplicarnos un método. El método RAPE. Como ese pez feo que vive en los abismos. El demonio de los abismos… Quizás espante al COVID. O al menos que nos inspire o oriente en la forma de relacionarnos. RAPE es el acrónimo de:

  • Responsabilidad: cada uno es parte del sistema social y debe ayudar a aislar el COVID19 y a reconstruir confianza en empresas, barrios y familias. Confianza en la ciudadanía desde una actuación responsable de cómo con cada gesto ayudo a aislar al enemigo y evitar que se propague.
  • Autenticidad: cada uno puede aceptar y reconocer sus emociones, atrever a expresar su vulnerabilidad, solo desde ahí podremos reconstruir. No necesitamos héroes ni Supermanes; solo gente normal que aprende a aceptar su vulnerabilidad. Ser vulnerable no nos hace débiles; nos hace fuertes. E inspira a los que te rodean.
  • Presencia: cada uno, trayendo su consciencia, su soberanía interior al terreno de juego. Self-awarness y self-regulation diría Goleman. No huyo al pasado, no juzgo el presente… Estoy aquí y ahora, gestionando el día a día, reunión a reunión, metro a metro, mascarilla a mascarilla… No me dejo llevar por el miedo. Puedo sentirlo, pero lo gestiono.
  • Empatía: Ese reconocimiento del otro, de sus perspectivas, de sus emociones, de su forma de entender y sentir el mundo. Su forma de vivir este normal incierto, y trato de construir desde la aceptación y teniendo en cuanta su viviencia.

Para mi son las claves para recuperar la confianza. Tenemos que ser RAPE’s, y RAPEar. Especialmente si jugamos roles de liderazgo.

David Maister en su libro «The Trusted Advisor» define la confianza como el producto de la coherencia, la credibilidad y la cercanía. Todas ellas suman: hacer lo que prometes, tener experiencia y conocimiento, demostrar simpatía y empatía. También alertaba que la confianza se dilapidaba por el egoísmo o, dicho de otra forma, por la falta de valores y de autorregulación. El método RAPE aborda las claves de cómo desarrollar la cercanía y de la gestión de uno mismo.

Rapea

Pero, ¿y eso como se hace? ¿cómo se RAPEa?

Es como aprender un lenguaje con nuevos gestos, frases y significados que nos permitan sostener a equipos, clientes, colaboradores con mascarillas y pantallas de cristal. Decía Wittgenstein que los límites de nuestro mundo son los límites de nuestro lenguaje. Tenemos que construir nuevos lenguajes para este mundo de pantalla y mascarilla. Antes eran manos que chocan y mejillas que se rozan. Ahora…

Veamos algunas conductas para desarrollar la confianza en entornos con mascarilla:

  • 1. Mirar a los ojos, buscando al otro, marcando que reconocemos a nuestro compañero, amigo o … Se que estas ahí. Hemos conectado.
  • 2. Preguntar cuánto puedo acercarme. Para cada uno de nosotros los 2 metros de distancia social significan vivencialmente cosas distintas. Antes de suponer, preguntemos. Algunos tienden a acercarse y minimizar; otros a alejarse…
  • 3. Utilizar las manos para el feedback. Las manos pueden ayudarnos a decir lo que la cara tapada nos oculta: sea sonrisa, tristeza, preocupación o paz…
  • 4. Vocalizar y proyectar la voz, para evitar que la voz pierda fuerza y conexión.
  • 5. Cuidar mi lenguaje no verbal. A falta de la transparencia de una cara el cuerpo puede transmitir mensajes vitales: tedio, tensión, cansancio… ¿es eso lo que quiero responsablemente transmitir?
  • 6. Compartir cómo me siento. Si ya es difícil conectar con el otro
  • 7. Dar cabido al miedo, al nerviosismo… aceptar ese tipo de emociones impopulares.
  • 8. Agradecer el respeto y cuidado mutuo: «entre todos aislamos al COVID y nos protegemos».

También hay comportamientos específicos, adicionales, para desarrollar la confianza en entornos virtuales:

  • 1. Nombrar a todos los asistentes a la sesión, por su nombre. Que rompamos el fino muro de la pantalla de cristal y el otro se sienta reconocido.
  • 2. Ofrecer una caricia con la palabra, es decir, señalar aspectos que vemos por la cámara que podamos utilizar para tender puentes y generar vínculos emocionales.
  • 3. Pedir cámaras abiertas, para vernos, para poder recoger cierto grado de feedback, para medir la temperatura del grupo.
  • 4. Pedir feedback de forma recurrente con emoticonos, chat, gestos de las manos…
  • 5. Empezar las reuniones con un «Check In». Es decir, una breve rueda de presentación que nos permita conectarnos y saber cómo se encuentra cada uno antes de empezar la reunión. El otro como se encuentra: ¿está preocupado, tranquilo, contento… ¿

Seguiremos reflexionando y proponiendo alternativas para este mundo incierto y vulnerable. Mientras tanto: RAPEa a diestro y siniestro.

Cuídate.