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¿Crees que la COVID-19 va a cambiar el mundo en el que vivimos?

Guillermo Taboada Martínez

Interim Manager, Control gestión digital, Gestión de talento digitalizado, Marca Personal, Dirección proyectos, Knowmad

http://interimconsulting.es/

Capital Humano, Nº 355, Sección Conciliación y diversidad / Artículos, Julio 2020, Wolters Kluwer

Son muchos los pinceles que tenemos para pintar un nuevo cuadro de nuestras vidas.

La «antifragilidad» acuñada por Nassim Nicholas Thaleb para expresar una condición opuesta a la fragilidad. Frágil, es todo aquello que se rompe o se quiebra si se le aplican fuerzas o golpes. Sin embargo, las personas o las organizaciones son «antifrágiles» si consiguen emplear a su favor la fuerza de un golpe externo o de un trauma. No es como la resiliencia, que recupera el estado original, sino que va más allá. Se trata de una forma de ver, entender y enfrentar las situaciones complicadas y sus efectos en las personas y organizaciones para recuperarse, desarrollarse y crecer a pesar de los problemas.

Rescato este interesante concepto porque lo considero necesario para afrontar estos momentos difíciles que estamos atravesando, generados por la COVID-19. El coronavirus está ocasionando un auténtico drama, no solo por las miles de personas que han muerto y por las consecuencias que va a dejar en la economía global, sino también porque vivimos en un mundo carente de líderes capaces de gestionar y crear esperanza en nuevos escenarios. Necesitamos líderes que nos aporten una visión amplia de la situación y que generen una atmósfera que motive a las personas a ir un «paso más allá», para provocar un incremento y mejora de la energía positiva personal y, sobre todo, en la emoción colectiva.

Cuando pregunto a mis allegados, ¿creéis que el COVID-19 va a cambiar el mundo en el que vivimos?, el 90% me contesta que no, que una vez que pase, volveremos a ser iguales. La verdad es que me quedo perplejo de estas respuestas, no sé si por mi ingenuidad, o porque en estos dos meses de confinamiento me ha dado cuenta de que estamos ante un cambio profundo y paradigmático de la sociedad.

Desde el año 2001, en el que encontré en la tecnología un gran aliado para soportar crecimientos escalables, no he parado de buscar, de formarme y de utilizar como base de mis proyectos todo tipo de tecnologías. He sido siempre un «evangelizador» de su utilización para conseguir una mayor productividad y mejorar la conexión entre las personas para intercambiar conocimiento. Sin embargo, he podido observar que en solo OCHO semanas el mundo avanzó más en el uso de las tecnologías digitales que en los últimos 20 años.

También he podido observar que cosas tan sencillas como visitar a tus familiares, reunirte con tus amigos, compartir un buen vino, darse un abrazo…son todo un lujo. Ni que decir tiene que hemos podido ver los canales de Venecia con el agua limpia, el cielo de Madrid azul cristalino, entre otras muchas cuestiones medioambientales.

Hemos podido comprobar como ante la muerte de un ser querido, ni siquiera le hemos podido despedir, ni compartir el duelo con nuestros familiares,…y eso que contamos con una tecnología digital que permite realizarlo de forma virtual, como pronto mostraremos al mundo.

Ni que decir tiene que profesionales no valorados adecuadamente antes de la pandemia, son los que nos han salvado la vida y los que nos han prestado unos servicios imprescindibles con una valentía incuestionable, desde aquí mi más sincero reconocimiento a todos ellos.

Estas reflexiones son las que me llevan a pensar que el mundo post coronavirus va a ser distinto, que las personas vamos a cambiar nuestros principales hábitos y que van a surgir nuevos liderazgos que orienten el cambio paradigmático al que nos enfrentamos.

Es un buen momento para reflexionar, para reinventarse con principios, para utilizar la tecnología digital, para ser más productivos e intercambiar conocimiento en cualquier parte del mundo, para ser más humanos, más curiosos, para respetar el planeta en el que vivimos, para colaborar, para obtener sinergias, para valorar adecuadamente a todos los profesionales que componen nuestra estructura social, para ser más solidarios…para poder abrazarnos sin que sea un lujo.

Tenemos todos los pinceles, esa es la gran suerte con la que contamos, vivimos en una sociedad llena de posibilidades, de herramientas, de emociones y de personas con disponibilidad para ayudarnos a construir entre todos un mundo mejor, una sociedad en la que valores, principios y propósitos tendrán un papel predominante.

He tenido la suerte de formar parte del equipo que, en pleno estallido de la pandemia, organizamos el WORLD HAPPINESS FEST de forma digital, para llevar un mensaje de esperanza y optimismo al mundo desde 60 ciudades diferentes y con más de 100 líderes de opinión que aportaron una amplia visión policéntrica y positiva.

Destaco del evento dos mensajes que me llamaron poderosamente la atención, uno de Teresa Viejo, «la curiosidad es la llave que abre todas las puertas, es el mejor antídoto contra el miedo y la incertidumbre». El otro de nuestro Presidente Luis Gallardo que apuntaba las siguientes claves: disrupción, digitalización, democratización y desmonetización.

Seamos proactivos, no nos quedemos quietos, tengamos gratitud, hagamos una comunicación intensa con todos, lancemos procesos de mejora y recibamos feedback para mejorarlos sin esperar a tener la solución perfecta, trabajemos con un equipo potente para ser más fuertes…en definitiva NO VOLVER AL MISMO MUNDO, IR A UNO MEJOR, porque «Cuando creíamos tener todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas» Mario Benedetti