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Del Ébola a la Covid-19 en un Hospital público de Madrid. ¿Qué hemos aprendido?

Celia Arnáiz Urrez

Unidad de Desarrollo de Personas, hospital general de la CAM. Miembro de la sección de Psicología de Trabajo del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Psicóloga y Coach Personal y de Equipos

Francisco Javier Domínguez Hernández

Supervisor de Enfermería Urgencias, hospital general de la CAM

Capital Humano, Nº 355, Sección Administración / Artículos, Julio 2020, Wolters Kluwer

Seis años después de la aparición en España del primer caso de infección secundaria por ébola, que supuso una revolución en cuanto a protocolos de protección sanitaria y un ejercicio profundo de análisis de las emociones, la pandemia de la Covid-19 ha servido para poner en limpio todo lo aprendido entonces.

Quizá la frase más escuchada en estos meses ha sido ¿qué tal estás?, y en el hospital donde trabajamos, ¿hay muchos contagiados?, ¿cómo lo lleváis en la Urgencia? ¿y en la UCI?....

Nuestros sanitarios atesoran una experiencia muy valiosa en estos momentos de pandemia y como profesionales de la Psicología de las Organizaciones y de RRHH, podemos ayudar a que descubran desde el foco del aprendizaje y no sólo desde el dolor, el estrés y la angustia que les ha supuesto.

«La experiencia no es lo que le sucede a cada persona, sino lo que la persona hace con lo que le sucede»

Aldous Huxley

Como organización hospitalaria vivimos una situación semejante, de menor duración pero igualmente intensa, que trastocó la organización y sobre todo la emocionalidad de los que allí trabajamos. Se trató del primer caso por infección de Ébola en España, que recibimos en nuestro hospital en 2014, y generó una respuesta emocional magnigicada ante la amenaza percibida de contagio.

Llevamos a cabo un proceso de Coaching individual con los sanitarios implicados en aquel caso, y seis años más tarde estamos en situación de conocer, qué valió a nuestros profesionales de lo que hicimos.

Cualquiera que hubiera oido a M, enfermera de la Urgencia, hubiera pensado quizá lo mismo que yo pensé: algo hicimos bien en la crisis del Ébola como organización. Pero, exactamente ¿qué? ¿qué competencias ha desarrollado M profesionalemente para que responda con aplomo y convencimiento?

….«Estoy viviendo de las rentas al haberme enfrentado a otro virus, al del Ébola» .

¿Hasta qué punto tuvieron que ver las intervenciones que hicimos para abordar lo que en su momento llamamos el «virus del miedo», en lugar del virus del Ébola?

La situación previa: crisis del Ébola

En octubre de 2014, se genera una alarma social entre la población general y sanitaria en particular, ante el primer caso de infección secundaria por Ébola en España. Una trabajadora sanitaria se contagia al haber estado en contacto con dos misioneros infectados repatriados de África. Esta paciente llegó a la Urgencia de nuestro hospital en octubre de 2014 y a partir de entonces supuso un cambio de situación respecto de la amenaza y riesgo biológico percibido entre los profesionales, que realmente distaba mucho del riesgo de contagio real.

Se conocía que la enfermedad del Ébola (EVE) es una enfermedad grave y a menudo mortal, y cuya trasmisión se produce por el contacto directo con la sangre u otros fluidos corporales, tejidos u órganos de personas sintomáticas vivas o fallecidas por el EVE.

A pesar de lo improbable del contagio, se vivieron en el hospital situaciones de miedo ante peligros remotos percibidos como si fueran reales, que desencadenaron en comportamientos de realimentación del miedo.

El miedo es una reacción perfectamente razonable. Cuando éste está fundamentado en el análisis de las emociones personales y en información, puede ser un factor determinante para cambiar las respuestas que se den ante una situación amenazante y hacer que pasemos desde una reacción irracional, hacia una implicación activa.

¿Qué se hizo entonces?

Nos centramos en revisar las emociones vividas por los profesionales asistenciales para conseguir una “implicación activa”, de manera que dieran respuestas eficientes ante futuras situaciones percibidas de riesgo sanitario. Respuestas, como consecuencia del afrontamiento personal ante la amenaza de contagio, o en general del ambiente emocional vivido en aquel caso de Ébola de 2014.

En 2020 durante esta pandemia Covid-19, mientras nuestros profesionales se afanaban en asistir de manera frenética a un paciente con coronavirus y a otro, y a otro, han estado enfocados en la acción, no tenían tiempo siquiera de integrar sus pensamientos y emociones porque caían rendidos por el exceso de actividad. Pero llegó un momento en que pudieron parar y vieron que sus propias emociones y pensamientos en gran parte de los casos, se convertían en enemigos.

La Covid a los profesionales de la sanidad no les ha dado respiro, pero no ocurrió lo mismo con el caso del Ébola, afortunadamente fue uno y dio tiempo a reflexionar.

En aquel momento, quien estuvo en contacto o cerca de la paciente con Ébola se le dio la posibilidad de descubrir de manera guiada y en sesiones individuales con la ayuda de un profesional psicólogo de RRHH, cuál fue el proceso interior de cada uno, qué sintieron, cómo lo expresaron, qué les desencadenó aquella emoción, cómo interpretaron lo que ocurría dependiendo de sus creencias personales, cómo influían sus emociones y pensamientos en el comportamiento clínico y el resultado con la paciente infectada.

Con la Covid-19 no tenían tiempo siquiera de integrar sus pensamientos y emociones porque caían rendidos por el exceso de actividad

En las sesiones, se utilizaron técnicas basadas en la psicología positiva y coaching ontológico, que permitieron descubrir y analizar las emociones de los profesionales, así como profundizar sobre qué les disparó una situación de bloqueo, huida, … ante el miedo, que en algunos casos, les hacía incapaces de ejercer su profesión sanitaria.

En el proceso, el psicólogo de Desarrollo, acompañaba a los profesionales sanitarios a su zona de desarrollo personal, cuidando de que no entraran en la zona de percepción del peligro.

Objetivos que pretendimos

Se pretendía que los profesionales que vivieron directamente el caso Ébola:

  • Tomaran conciencia y fueran responsables de sus actuaciones rompiendo así la indefensión que les producía dejarse llevar por las emociones o por los pensamientos no reales sobre el riesgo.
  • Adoptaran mayor flexibilidad para adquirir los cambios necesarios desde la experiencia vivida.
  • Generaran la motivación necesaria para abordar retos profesionales.
  • Fueran el facilitador, compañero, guía de otros, ante situaciones emocionales adversas.
  • Aprendieran a enfrentarse a sus miedos de forma controlada y tomaran las riendas de sus emociones, aún en situaciones de miedo, sobre todo en situaciones de miedo.
  • Experimentaran lo que descubrían sobre sí mismos y permitiera fortalecerles a través de la acción.

En resumen, la posibilidad no solo de reflexionar, sino de enfrentarse a situaciones que les produjeran inquietud, generaran satisfacción por la acción y desembocaran en una emoción positiva de éxito personal y autoestima, contrarias a la emoción de miedo.

Bajo ningún concepto concebimos a los profesionales como víctimas de la situación vivida, sino actores fundamentales con capacidad para desarrollarse y evolucionar en situaciones adversas. Por ello, descartamos ante todo la denominacion de «segundas víctimas» utilizada últimamente con frecuencia en los casos que por una «situación adversa —como la vivida por la Covid-19—, un error médico y/o una lesión relacionada con el paciente no esperada y el profesional sanitario se convierte en víctima en el sentido de que queda traumatizado por el suceso.» Termino acuñado inicialmente por Albert Wu.

Bajo ningún concepto concebimos a los profesionales como víctimas de la situación vivida, sino actores fundamentales con capacidad para desarrollarse y evolucionar en situaciones adversas

Nuesto objetivo y todas nuestras actuaciones se enfocan al Desarrollo Personal, que es la base de todo Desarrollo Profesional; por ello pretendemos potenciar a la persona, para obtener un comportamiento competente que se prolongue en el tiempo. En definitiva, que se les prepare para ser más efectivos, tanto laboral como personalmente, en situaciones emocionales semejantes a las vividas y superar retos.

El resultado al encarar la nueva crisis sanitaria de Covid-19

Esta pandemia, ha sido una ruptura brusca del proceso normal y continuo en la práctica de la profesión sanitaria ante una necesidad social médica que exige precisamente a los sanitarios y sólo a ellos, un trabajo constante y un cambio obligado. Ante esta situación, hemos aplicado lo que aprendimos en la crisis del Ébola y hemos descubierto otros aspectos, de los que todavía estamos aprendiendo.

Lo aprendido en la crisis del Ébola

  • Nuestra organización hospitalaria, poco antes de tener casos Covid-19, comenzó a formar a los profesionales en equipos de protección individual (EPI) e informar sobre lo que se conocía de una enfermedad cuyos síntomas y evolución aún se desconocen.

    Testimonios de los profesionales:

    «Esta crisis se vio venir desde hacía dos meses. Disponíamos de más información (información procedente de los casos registrados en China, aunque como enfermedad fuera desconocida, y dio tiempo a empezar a formar al personal de Enfermería, primero de Urgencias y posteriormente de todo el hospital.)»

    «En relación a la crisis del Ébola debo decir que fue una crisis que sobrevino sin avisar. Sólo nos dio tiempo a informarnos previamente sobre el tipo de virus y los efectos que produce ….. En relación a la formación del personal no hubo tiempo para formar a todo el personal (sobre EPI) de una manera eficaz.»

  • Cada uno de los implicados en el caso Ébola, ha vivido internamente la situación ocurrida en nuestro hospital, y ha respondido y lo ha asimilado de manera diferente.
  • Sin duda aquel ejercicio de tomar conciencia de cómo somos, cómo lo hacemos y cómo interpretamos lo que nos rodea o qué competencias nos falta para enfrentarnos a situaciones asistenciales semejantes a las vividas, nos ayudó a ser más efectivos en cualquier dimensión, tanto personal como profesional.

    Testimonios de los profesionales:

    «He estado más tranquilo que con el ébola que vino al Hospital, porque reflexioné en su momento sobre esta situación y como me había comportado. La reflexión me ayudó a aprender sobre mí mismo.»

  • La aceptación de la actuación clínica, fuera cual fuera el resultado de la misma, aunque fuese el peor de los resultados (el fallecimiento de un enfermo a su cargo), se integraba dentro de la profesionalidad y sería vivido por el sanitario como un hecho de evolución profesional, de desarrollo (aunque resulte paradójico), que produzca en la persona mayor madurez respecto de su trabajo y el sentimiento de un mayor empoderamiento.

    Incidimos en las sesiones en este autoreconocimiento y aceptación de lo que cada uno hizo en el caso Ébola y fue lo mejor que pudo hacer entonces.

    «Tengo claro que con el tiempo, aquella situación que viví con el Ébola no fue un trauma, ni un problema, ni un fracaso, aunque no todo lo hiciéramos bien, sino una oportunidad que me ha ayudado a mi enriquecimiento profesional».

    Si se hubiera vivido su actuación profesionalmente como un fracaso, podría ser motivo de animadversión, anulación y alejamiento de la propia profesión, no queríamos que esto ocurriera.

    Ahora, dos meses después del tsunami de la pandemia Covid-19 en el hospital, hay que ser especialmente cautelosos y aplicar lo que aprendimos de la experiencia anterior y lo que estamos aprendiendo de la experiencia de la Covid-19. En varios aspectos ha sido diferente de aquella: por lo mantenida en el tiempo, porque ha implicado a la totalidad de los profesionales de la organización, a la totalidad de la actividad hospitalaria y a la totalidad de la sociedad.

  • El sentimiento de enriquecimiento y su mayor madurez, hace al trabajador sentirse igualmente preparado para situaciones de mayor envergadura laboral o con un choque emocional semejante y decidir voluntariamente afrontar sus miedos ante el virus.

    «El afrontamiento de esta nueva crisis se ha llevado a cabo desde una actitud más madura por parte de todo el personal (de Urgencia)..…… en todo momento han demostrado una madurez profesional impresionante que apenas sucedió en la crisis del ébola»

    «Estoy viviendo de las rentas, en cuanto a haberme enfrentado a otro virus, al del Ébola».

De esta pandemia hemos descubierto

  • La mayor flexibilidad intrapersonal en los sanitarios, en el sentido de aceptar el momento de presión (por la necesidad vital de intervenir en el paciente en un determinado tiempo) y el gran volumen de pacientes críticos que les deparaban. Se ha visto como una de las competencias sobresalientes en las personas al abordar esta crisis.

    «Se han enfrentado mejor al cambio las personas que vivieron el ébola, se adaptan mejor a la incertidumbre que otras personas que no lo sufrieron»

  • La situación de cambio inesperado e inestable en el proceso sanitario médico y de cuidados de enfermería, requería en la crisis inevitablemente una trasformación, que ha sido tanto más normalizada y adaptada al momento, cuanto mayor flexibilidad se encontraba entre los profesionales.

    «Han demostrado una gran capacidad de adaptación al cambio teniendo en cuenta que esta última crisis ha obligado a reinventar el hospital entero desde la Urgencia hasta la última cama de hospitalización pasando por quirófano, reanimación, hospital de día, UCI, etc….»

    Pero ¿qué características tienen las personas más flexibles, en esta actividad sanitaria?, ¿cómo podríamos dotar a la Flexibilidad de una «descripción competencial» lo suficientemente esclarecedora para darle todos los matices que en este caso se requieren?

    • 1. Por una parte los matices giran en torno a la sensación de responsabilidad, de riesgo real, y de la certeza de no poseer individualmente los recursos suficientes.
    • 2. Por otra de incertidumbre, de diversidad de respuestas, de diversidad de enfoques.
    • 3. Un tercer matiz y más importante, ser capaces de encontrar en mitad de la crisis un nuevo replanteamiento de futuro, una nueva construcción dotada de sentido.
    • 4. Y por último, la capacidad de buscar internamente nuevos recursos para poder afrontar la situación integrando todo lo anterior.
  • El trabajo en equipo y sus componentes más emocionales: la generación de vínculos con los demás, basados en la confianza y en la seguridad interpersonal, así como una relación que permita autoanalizarse desde el punto de vista de la praxis clínica y de los sentimientos que indisolublemente se vinculan al paciente en una situación de extrema vulnerabilidad y a los compañeros. Y añadimos, la posibilidad de interpretar flexiblemente las intenciones de los compañeros.

    «En este caso (de la Covid) se pudo abordar la crisis como EQUIPO, tanto en la propia unidad de Urgencias como desde un punto de visto directivo. También se produjo un flujo de información muy importante y valiosa en este último caso……»

    «En general (el personal de la Urgencia) se ha mostrado fuerte ante esta crisis y aportando la valía de cada uno a nivel profesional…»

    Un trabajo en equipo que además del sentido emocional indicado, se basó en apoyarse entre todos mirando en la misma dirección, aportando cada uno su conocimiento y expertía en una relación de respeto profesional y de las diferencias individuales, y de igualdad de valor hacia cada miembro del equipo, sin importar la categoría.

    «Así que sí. Para algo sirvió vivir la crisis del ébola en el hospital de Alcorcón.»

Conclusiones

Todavía es demasiado pronto para conocer la capacidad resiliente de las personas que han experimentado en la crisis esa flexibilidad y que han sufrido menos estrés que aquellos que «luchaban» contra lo que se les venía encima.

Tampoco hemos profundizado en el apoyo emocional del grupo hacia los compañeros (lo estamos abordando ahora) y quizá sea objeto de descripción en un nuevo Caso de la Psicología del Trabajo del siglo XXI.

Hemos visto que han sido cuatro las competencias que han aflorado en la profesionalidad de nuestros sanitarios en el hospital: el Autoconocimiento y la Autorregulaciónemocional, el Autoreconocimiento, la Flexibilidad Personal y el Trabajo en Equipo.

Desde Desarrollo de RRHH, estamos convencidos que la cuestión no es estudiar si los profesionales son o no «segundas víctimas», que dada la situación vivida evidentemente lo son, sino como evitar que lo sean incluso en la situación estresante. Poniendo en marcha sus mecanismos de autorregulación que pueden ir aprendiendo in situ, mediante las pautas aprendidas previamente en sesiones individuales; sesiones donde se insta a una introspección acerca de cómo hacen las cosas con los medios que poseen y con los recursos personales de los que disponen.

Nos queda un trabajo apasionante por delante para que desde la Psicología del Trabajo y de las Organizaciones, ayudemos a DESARROLLAR a quienes nos han ayudado en esta pandemia.