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"Entrar en una junta directiva como Eva en vez de como Enrique se nota; no te miran igual"

  • 1-7-2020 | José Miguel Barjola Merino
  • La falta de referentes LGTBI+ en puestos de dirección supone una sangrante brecha en España, uno de los países más avanzados en la materia. Conocemos la historia de tres personas del mundo empresarial que decidieron dar el paso.
Portada

El día que Eva Díaz abrió la puerta de la reunión con falda y tacones sintió que algo había cambiado. Tenía 52 años, y hasta entonces se había presentado al mundo empresarial como Enrique. «Lo primero que noté es que el mundo te mira distinto; no es lo mismo una mujer en un comité de dirección que un hombre», asegura. Díaz abandonó todos sus negocios y empresas para realizar su transición. Hoy se define como la única mujer transexual visible en España en el mundo de los altos directivos.

Julie Coles, consultora de Willis Towers Watson, también se escondió durante años en sus trabajos. «Escuchaba a menudo comentarios y chistes LGTBIfóbicos que me hacían sentir muy incómoda», relata. La aprobación del matrimonio homosexual en 2005 (sólo 30 de 196 Estados lo tienen legalizado) fue un soplo de aire fresco para ella como mujer lesbiana. «Lo viví como un antes y un después. Me sentía más segura porque sabía que me respaldaba la ley, nos veían como iguales». Fundó una red de empleados LGTBI+ en su firma y ahora ayuda a otros empleados a ser visibles.

Misael Pérez, Service Programme Manager en Airbus, casi siempre se presentó al mundo empresarial como un hombre gay. «Con 17 años decidí no mentirme nunca más». No tuvo reparo en mostrar su condición desde el primer momento, a pesar de encontrarse en un mundo tan masculino como el de la ingeniería. Reconoce que la situación no es la misma hoy que hace diez años. «Si en 2007 me dicen que iba ir a una marcha del orgullo LGTB con Airbus no me lo hubiese creído». «En las primeras reuniones la gente decía "eso es una mariconada" cuando algo era muy sencillo. Eso duró hasta que un día dije: "pues presentadme a quien lo ha hecho, igual es mono, y congeniamos"».

Las historias de Eva, Julie y Misael reflejan dos realidades bien diferenciadas. En el lado positivo, la comunidad LGTBI+ gana poco a poco visibilidad dentro del mundo de la alta dirección. En la cara negativa, a pesar de los avances queda camino por recorrer, en especial para los transexuales. En España, sólo 4 de cada 10 personas son visibles en su empresa, según los datos de REDI, la Red Empresarial por la Diversidad e Inclusión LGBTI+.

¿Dónde están los jefes trans?

La falta de referentes en el mundo empresarial es uno de los grandes problemas. Así lo apunta Misael Pérez, de Airbus, aunque admite que hay más referentes homosexuales que lesbianas o transexuales. «Algunos gays estamos fuera del armario, unas poquitas lesbianas, algún que otro bi y casi ninguna persona trans». Eva Díaz, CEO de Appogeo Digital, también afirma que no hay referentes transexuales en las empresas. «Yo no los conozco. Kike Sarasola es un gran referente para los gays, pero a nuestro colectivo le faltan modelos», lamenta.

Misael Pérez, de Airbus: «Algunos gays estamos fuera del armario, unas poquitas lesbianas, algún que otro bi y casi ninguna persona trans»

Eva Díaz ha trabajado en empresas como Accenture, KPMG o Deloitte. Cuando tenía 52 años decidió presentarse como mujer transexual

¿Dónde están entonces los grandes directivos homosexuales y transexuales? Existen, pero muchos prefieren mantenerse al margen. El miedo a perder privilegios en la firma sería una de las grandes ataduras. Eva Díaz habla de un «colectivo invisible», managers que deciden «quedarse como están» y no perder su estatus. «Conozco muchas personas que quieren transitar, pero no lo hacen por miedo a perder su puesto. Al menos sé de diez casos». Ella ha sido una de las poquísimas mujeres transexuales directivas que a día de hoy ha decidido dar el paso. «Fue un camino difícil», admite, pero no se arrepiente. «Muchos me felicitaron. Mi antigua red de contactos me fue acogiendo como Eva. He tenido reuniones con antiguos socios de mis antiguas empresas que en su día me conocieron como Enrique. No tuve ningún tipo de problema».

La transición de Eva: «Fue un camino difícil, pero mi red profesional me acogió estupendamente. He tenido reuniones con antiguos socios que en su día me conocieron como Enrique. No tuve ningún problema»

El activismo en la oficina

El activismo desde colectivos LGTBI+ ayuda a otros empleados a mostrarse. Misael Pérez da buena cuenta de ello. Gracias al apoyo de grupos como «El Rincón del Arcoíris», creado en los noventa en la sede de Aribus en Sevilla, nunca tuvo problemas para ser abiertamente gay en su empresa. «El nivel de inclusión que tenemos en Airbus en 2020 es muy notable» apunta.

Willis Towers Watson también cerró filas en pro de la visibilidad. Desde 2012 mantienen una política de tolerancia cero con cualquier tipo de discriminación, entre otras medidas, como «una línea de teléfono confidencial a nivel mundial para informar de cualquier incidencia», destaca Julie Cole. Ella misma lidera una red de empleados LGTBI+ que ha puesto en marcha numerosas acciones formativas para «aliados», personas ajenas al colectivo dentro del colectivo pero que quieren ayudar con la causa.

Julie Coles es consultora de Willis Towers Watson. Tras unos años sin ser visible ahora es activista y lidera la red de empleados LGTBI+ de la firma

Aunque existen avances, todos coinciden en que salir del armario en la oficina sigue ser fácil. La persecución más allá de nuestras fronteras despunta como una barrera importante. En especial para los jefes que viajan con frecuencia. Julie tiene compañeros LGBTI+ en proyectos internacionales en países donde ser homosexual es un crimen y por ello «prefieren no ser visibles, para evitar problemas graves». Las dificultades son mayores en función del contexto, resalta. «Según el tipo de trabajo que realices, dónde te sitúes en el amplio abanico de identidad de género y orientación sexual y el entorno y cultura de la firma». Por su parte, para Misael la visibilidad en el mundo corporativo tampoco es sencilla. «Aún queda camino que recorrer para cambiar la mentalidad de la sociedad, y que se entienda que ser LGTB no te resta potencial como trabajador», reconoce.

Misael Pérez, 34 años, es Service Programme Manager en Airbus y participa activamente en la red de empleados LGTBI+ de la compañía

Eva aporta un relato bidireccional de su experiencia como directivo y directiva. Asegura que ha perdido en privilegios. Tras su transición notó que existían comportamientos que como Enrique le estaban permitidos, pero no del todo como Eva.

El corsé de las altas esferas de dirección, tradicionalmente masculinas y heteronormativas, soporta estructuras de comportamiento difíciles de derribar. Eva mete el dedo en la llaga en este punto. En los 80 y 90 las mujeres llegaban a lo más alto con patrones masculinos exagerados al máximo, apunta, lo que prueba que existen ciertos cánones «aún difíciles de cambiar».

«Cuando te presentas como mujer, las cosas a tu alrededor cambian. Si eres hombre tienes asegurado un nivel de igualdad con el resto. Por ejemplo, como hombre no era prejuzgado por mi vestimenta. Al entrar en una junta con falda y tacones ahora hay un prejuicio, un análisis de tu imagen. Por tu forma de vestir, por tu forma de comportarte. Hay matices que como hombre no existen», afirma. «Otro ejemplo. Digo lo que pienso. Y si soy muy incisiva, o evito fórmulas como "si me lo permites…", siempre asociadas a las mujeres, puedo llamar la atención. Una mujer debe ser "dócil". Un hombre puede ser más agresivo. No es una actitud proactiva. Pero existe, inconscientemente».

España es uno de los países más avanzados en materia LGTBI+, pero los datos reflejan que estamos lejos de conseguir una aceptación plena del colectivo en todos los niveles. Según REDI, un 11% de las personas LGBTI+ se han sentido discriminadas a la hora de encontrar trabajo en el último año. Para un 62% de ellas existe la necesidad explícita de ocultar en sus interacciones profesionales su orientación sexual e identidad de género, parcial o totalmente. La letra T es la más invisibilizada del colectivo. Según el Eurobarómetro Discriminación en la UE de 2015, el 44% de los españoles cree que el hecho de ser transgénero es una desventaja para conseguir trabajo. Más del 80% de las personas transexuales están en el paro, según la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB).