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La Humanización de la Era Digital. Cómo enfrentarnos a un mundo de algoritmos

  • 23-6-2020 | Mercedes de la Rosa Valverde

Ficha del Libro

Autor: Jesús Briones Delgado

Título: La humanización de la era digial.

Edita: Catarata

Páginas: 96

La confluencia de tecnologías cada vez más disruptivas como la Inteligencia Artificial, el Internet de las cosas o la computación evolutiva está superando, en muchos momentos las expectativas que tenemos depositadas en ellas por lo que resulta imprescindible empezar a plantearnos preguntas sobre sus efectos en nuestra sociedad, en nuestros trabajos y en definitiva, en nuestras vidas.

Con este objetivo presenta Jesús Briones, su segundo trabajo «La humanización de la era digital» en el que trata de analizar, huyendo de visiones catastrofista, el impacto de la transformación digital poniendo de relieve la importancia de incorporar una visión ética en sus aplicaciones futuras.

El autor ha querido incorporar la idea de que estamos en el comienzo y que se necesita aún tiempo para ver cómo evolucionan las tecnologías de las que estamos hablando. Pero lo que es innegable es que esa evolución es muy veloz y nos encontramos en un momento en el que las «máquinas» pueden comenzar a aprender con mayor rapidez que nosotros. Vamos a ver, en un corto espacio de tiempo, cómo estos sistemas inteligentes conviven con nosotros e, incluso, comenzaremos a cederle el control de determinados sistemas o procesos que hasta ahora dominábamos, apareciendo entonces el riesgo de ceder nuestro control.

Jesús Briones Delgado ha desarrollado su carrera profesional en una de las compañías líder del sector energético español en el ámbito de los recursos humanos CEPSA donde actualmente es HRBP. Es ponente habitual en temas relacionados con el liderazgo, el desarrollo de personas, la formación y la aplicación de las competencias digitales derivadas de la nueva economía en los ámbitos empresariales.

Pregunta.- En su primer libro abordaba los gaps que surgían a propósito de la revolución tecnológica entre los futuros que se dibujaban y la realidad que luego cristalizaba. En este segundo título es lo humano lo que pone en el centro. ¿Estamos perdiendo el foco en aspectos humanos importantes frente al algoritmo y la tecnología?

Jesús Briones.- Podemos estar perdiéndolo o comenzando un camino donde entremos en un problema de obsolescencia humana. Los algoritmos basados en inteligencia artificial son y van a ser cada vez más, una fuente muy significativa para el proceso de toma de decisiones por lo que no parece inteligente por nuestra parte dejar que estas nuevas tecnologías, tan disruptivas, reemplacen las decisiones que los seres humanos tomamos. Es ahí donde, en mi opinión estamos perdiendo el foco. Quizás estemos generando una idea «mística» hacia la tecnología que nunca antes había tenido. Idea que, muchas veces, parece que implica que la tecnología es infalible y nosotros no lo somos.

En el último año y medio más o menos, se ha extendido la idea de que detrás del éxito empresarial se encuentran los algoritmos, no las personas y también podemos ver que ha aumentado la presión de los inversores para algoritmizar nuestras vidas. Sin embargo, los continuos casos de malas praxis relacionados con la recopilación y uso indebido de los datos, las tácticas de fragmentación, disgregación y disolución de la responsabilidad de las empresas por sus acciones y decisiones, y, especialmente, la posible obsolescencia humana que subyace al absolutismo tecnológico y a cierta dictadura algorítmica, está generando un intenso debate sobre los conflictos, límites y las consecuencias de la llamada Industria Inteligente.

Por lo tanto, sin ser alarmistas, creo que este aspecto, al menos, lo tenemos que poner en el centro del debate. No deberíamos dejar a un algoritmo que, por sí solo, tome decisiones y, especialmente, si esas decisiones tienen que ver con juicios morales o éticos.

P.- A propósito de los últimos acontecimientos que hemos vivido por la Covid-19, la tecnología se ha hecho más necesaria que nunca y por ende ha demostrado que está lejos aún de llegar a todas partes ¿Cómo se debe abordar esta brecha digital para no generar mundos de distintas velocidades?

JB.- En España hemos podido comprobar cómo, en estos meses, nos hemos incorporado de golpe al mundo de las tecnologías. Teletrabajamos, usamos aplicaciones de videoconferencias que antes no utilizábamos, etc. Antes de la crisis teníamos un porcentaje pequeño de nuestras empresas que contaban, por ejemplo, con teletrabajo como una solución en nuestras empresas. Creo recordar que hemos llegado a un 24% de la población activa trabajando en remoto. La pregunta que debemos hacernos es ¿un 24% o solo un 24%? Es decir, si lo comparamos con lo que teníamos antes de la crisis el porcentaje es muy alto pero, si lo comparamos con el total de la población activa es un porcentaje muy bajo. Indudablemente hay muchas actividades que no pueden teletrabajar. Pero, lo que sí se evidencia es que podemos enfocarlo de otra manera y que podemos extenderlo mucho más de lo que teníamos.

La brecha existe y va a seguir existiendo debido, fundamentalmente, a que como decía, muchas actividades no pueden subirse al carro de las tecnologías. Para reducirla no cabe más que seguir incrementando nuestras capacidades tecnológicas, y mejorar la conectividad de nuestro País. Por ejemplo, ahora que hablamos tanto de la España vaciada, donde por falta de una conectividad adecuada se da una brecha real, se hace necesario que se invierta en infraestructuras para posibilitar que esta brecha disminuya. Las nuevas formas de trabajo que están viniendo hacen que no sea necesario vivir en las grandes ciudades y solo requieren de una mejora en la conectividad que posibilite a un trabajador poder desarrollar su actividad con una buena infraestructura tecnológica y unas capacidades adecuadas para poder optimizarla.

P.- En su libro habla sobre el big data, el internet de las cosas, o la computación evolutiva ¿Cómo van a impactar en el futuro del trabajo y sobre nuestra forma de aprender, crecer profesional y organizacionalmente?

JB.- Yo soy optimista y creo que, como en todas las anteriores revoluciones se creará más empleo pero en el tránsito va a haber muchos perdedores.

Hasta hace poco, se mantenía que los empleos que más peligro podrían correr serían los de menor valor añadido (trabajos repetitivos, cadenas de montaje fácilmente robotizables, etc.) pero no. Cada vez es más evidente que los trabajos intelectuales, que antes nadie ponía en cuestión, son ahora susceptibles de ser eliminados por un proceso algoritmizado que aprende. Hay muchos ejemplos de trabajos antes bien remunerados y ahora eliminados o en vías de ser eliminados.

Lo que debemos tener presente es la necesidad de anticiparnos y prever soluciones. Todos debemos prepararnos para el impacto que la IA tendrá sobre el trabajo, y empezar a ser conscientes de la necesidad de formarnos, reciclarnos y reinventarnos en las nuevas habilidades que se demandan. La tecnología y las nuevas formas de trabajo, al igual que la dualidad del mercado de trabajo han venido para quedarse. Nos debemos adaptar.

Los trabajadores debemos responsabilizarnos. Ser conscientes de la importancia que tiene un futuro inmediato tan cambiante. Para nuestros hijos pero, también, para nosotros, que estamos ahora mismo dentro del sistema productivo. Tenemos que ser responsables con nuestro futuro, pensar en que necesitamos estar lo más formados que sea posible, preparados para afrontar los cambios y retos que la transformación digital nos depara y reinventarnos si llega el caso.

P.- Antes de la pandemia, el miedo a ser sustituidos por tecnología era una de las crecientes preocupaciones en el mundo de la empresa. Tras ella ¿ese miedo tiene aún más sentido, con máquinas que no enferman, no teletrabajan, no se confinan…?

JB.- Con la pandemia, efectivamente, se hace mucho más evidente que estas tecnologías son muy eficaces pero no podemos caer en un neo ludismo radical y culpar a la Inteligencia artificial y al covid 19 de los cambios que se van a producir. Esto ya lo sabíamos independientemente de la crisis que hemos vivido. Los algoritmos no enferman, no tienen un día malo, no se levantan con una preocupación que afecta a tu rendimiento. Los chatbots tan eficientes y de sencilla implementación en las empresas no paran para tomar un café. Esta es la realidad al margen de la crisis que hemos vivido.

Eso sí, los algoritmos, los chatbots, etc., no se emocionan con, por ejemplo, una puesta de sol. No sienten ni van a sentir esas emociones que nos diferencian como seres humanos y que son tan importantes en el mundo de la empresa. No van a sentir empatía por un compañero que está teniendo problemas con un proyecto determinado y al que tú puedes ofrecerle ayuda. Podrán «trabajar en equipo» en un conjunto de algoritmos conectados pero nunca podrán colaborar con la fuerza de la empatía, la solidaridad y el enfoque de ayudar y de ser parte de la consecución de un objetivo o, mucho más importante, de un propósito.

Por eso, quizás de lo que estamos hablando es más de un miedo que de una realidad. Quizás estemos condicionados por los estereotipos que los medios de comunicación, el cine de ciencia ficción, etc., nos han mediatizado para tener, a propósito de la Inteligencia Artificial, una visión donde los sistemas basados en ella dominan nuestro entorno y se preocupan de hacer el mal o se vuelven contra nosotros quitándonos, en este caso, nuestro trabajo. No podemos poner en duda que los mayores avances a fecha de hoy se centran en aplicativos dirigidos a mejorar la salud, la seguridad e incluso, la productividad humana trasladando a la maquina la «responsabilidad» de hacernos más fácil nuestro trabajo diario.

En mi opinión se hace necesario poner orden en este caos intencionado de malas interpretaciones en las que nos dicen que vamos a perder nuestros trabajos y más ahora que se evidencia que los algoritmos no enferman. Conviene que nos alejemos de los estereotipos antes mencionados y que trabajemos todos, para asegurar que estos avances sean incorporados a nuestras vidas con transparencia, seguridad y con la garantía de que lo vamos a hacer con sensatez.

P.- ¿Cómo hacer la ecuación entre personas y máquinas? Los de RRHH ya saben de personas ¿ahora hay que saber de máquinas?

JB.- Más que de máquinas tenemos que saber cómo nos van a impactar a nuestra función. Y, en mi opinión, es urgente que empecemos a plantearnos un cambio de enfoque. Quizás soy muy categórico pero creo que no nos damos cuenta del impacto que va a tener a medio plazo en nuestro oficio. Os pongo solo un ejemplo la IA está potenciando los proceso de reclutamiento y selección: por ejemplo, los chatbots ya vienen interactuando con los candidatos, respondiendo preguntas frecuentes sobre el puesto, brindando apoyo en la revisión de curriculums «resume screening», workflow y análisis de data ATS (Applicant Tracking System), así como programando entrevistas, a través de correo electrónico, mensajes de texto y redes sociales. Las evaluaciones de la entrevista situacional y de comportamiento aprovecharán la IA y el análisis predictivo para capturar datos cuantitativos y cualitativos para garantizar el right match. Los expertos en la industria estiman que el 100% de las fases de sourcing y preselección pueden ser automatizados transformando así la experiencia en la aplicación y selección de candidatos potenciales.

Quizás, el anterior es el ejemplo que todos ponemos, pero hay muchos más. Análisis semántico para descripciones de puestos de trabajo o, por ejemplo, las herramientas modernas de VoE que aprovechan las tecnologías de inteligencia artificial y utilizan una variedad de técnicas de procesamiento de lenguaje natural y análisis textual para analizar el sentimiento y obtener información de las respuestas basadas en texto. El objetivo es identificar de qué habla la gente de manera positiva o negativa, y qué temas se mencionan con mayor frecuencia. Son modelos de análisis predictivo basados en técnicas de machine learning, capaces de analizar miles de variables y encontrar relaciones entre ellas. A través de estos modelos, podremos profundizar en las causas, por ejemplo, del absentismo, facilitando la toma de decisiones y estableciendo políticas adecuadas específicas al perfil de cada persona para su prevención. Hay muchos ejemplos de análisis predictivo utilizando estas tecnologías que nos deberían ayudar a preguntarnos qué acciones debe realizar una empresa o una Dirección de RRHH para mejorar el desempeño de un equipo determinado, o qué acciones debemos tomar para reducir las rotaciones de empleados y fuga de talento.

Son solo ejemplos de tecnologías que ya están en nuestro presente por eso, en mi opinión, en RRHH debemos plantearnos con urgencia una reorientación de cuales van a ser las capacidades que debemos tener para afrontar los retos que la tecnología nos va a poner en breve. Ya se está haciendo en otras muchas funciones, el marketing, en los procesos industriales que se robotizan con la industria 4.0, etc., pero nosotros, creo, no tenemos la sensación de urgencia ante los cambios y eso me preocupa.

P.- Todo este futuro estará basado en datos ¿Cómo cree que la revolución del dato impactará en la gestión de personas?

JB.- En una Dirección de RRHH los datos de las personas se deben trabajar de una forma holística. No el talento y la formación por un lado, las políticas salariales por otro, la gestión del día a día por otro. El dato nos deberá facilitar una visión global del empleado que nos dirigirá a una prestación de nuestro servicio mucho más personalizada. Siempre dentro de unas políticas establecidas, pero con una mayor personalización de las soluciones que aportemos.

Por eso me resulta muy preocupante que no estemos ya trabajando en las Direcciones de RRHH con una visión orientada a la optimización del dato utilizando todas las tecnologías ya existentes que podemos implantar. Necesitamos una transformación digital de la función de RRHH donde demos el salto a una gestión basada en los análisis predictivos anticipándonos a las necesidades de nuestros clientes. Igual que se está haciendo en los procesos industriales o en el análisis de cliente.

Algunas empresas ya estamos dando pasos en esa línea pero tenemos que ser mucho más ambiciosos y comenzar a reorientarnos y pensar que en otras áreas la optimización del dato se ha convertido en estratégica ¿por qué nosotros no lo vemos igual?

P.- Cuando el futuro al que nos dirigimos va tan velozmente a la supremacía del dato, ¿cómo ponemos en el centro el pensamiento por encima del algoritmo?

JB.- Para mí, lo más importante es que pongamos a la ética por encima del algoritmo. Por eso, en el libro, he intentado que la ética aparezca en el centro del debate. He querido incorporar la idea de que estamos en el comienzo de un proceso de cambio muy acelerado pero que se necesita aún tiempo para ver cómo evolucionan las tecnologías de las que estamos hablando. Pero lo que es innegable es que esa evolución es muy veloz y que nos encontramos en un momento en el que las «máquinas» pueden comenzar a aprender con mayor rapidez de cómo lo hacemos nosotros. Vamos a ver en poco espacio de tiempo, cómo estos sistemas inteligentes conviven con nosotros e, incluso, comenzaremos a cederle el control de determinados sistemas o procesos que hasta ahora dominábamos los seres humanos. Por ello, nos debemos plantear el marco de valores en el que vamos a convivir las «máquinas» y nosotros. Se hace necesario que diseñemos con valentía cómo queremos vivir y, sobre todo, cómo queremos que vivan y convivan nuestros hijos con las «máquinas» que les van a rodear.

Nos enfrentamos a un marco de oportunidad que puede ser único y que, si somos inteligentes, lo podemos plantear a la medida de las necesidades de los seres humanos. Para ello, se evidencia la necesidad de la ética como el elemento básico para que así sea. Eso sí, que el uso sea ético no depende de la tecnología sino, como siempre, del uso que hagamos de ella.

P.- ¿Qué acciones habría que emprender para regular tecnologías disruptivas como la IA?

JB.- Se abren muchas incógnitas al respecto de la despersonalización de la responsabilidad. ¿Quién va a asumir la responsabilidad de las consecuencias de una toma de decisión, el algoritmo? La empresa donde se elaboró? ¿El matemático que lo diseño? ¿La empresa que lo utiliza?

Se dan continuos casos de malas praxis relacionados con la recopilación y uso indebido de los datos, las tácticas de fragmentación, disgregación y disolución de la responsabilidad de las empresas y/o gobiernos por sus acciones y decisiones. Lo anterior está generando un intenso debate sobre los conflictos, límites y las consecuencias de la llamada Industria Inteligente.

Por otro lado, inquieta y mucho el sesgo que pueden aplicar los algoritmos y que son utilizados en los procesos de toma de decisiones. Comienza a ser una realidad.

Vamos a necesitar generar confianza poniendo soluciones a la actual despersonalización de la responsabilidad Por ejemplo, si se cometen errores que causan daño, ¿quién debe asumir el riesgo? Esta es una de las preguntas más determinantes y que está afectando directamente a muchos de los desarrollos actuales. Cuando un sistema de inteligencia artificial falla en la tarea asignada, ¿quién tiene la culpa?

Es determinante exigir a las máquinas que nos expliquen el porqué de una decisión. Sus diseñadores deben contemplar este aspecto. Pero, sobre todo, nos deben explicar cómo aprenden a predecir y no solo como predicen. Se necesitará un marco legal robusto para tratar esos asuntos demasiado complejos para ser abordados adecuadamente por la legislación. Hoy, en la Unión Europea, contamos con una nueva legislación muy potente y actualizada recientemente. Pero siguen surgiendo preguntas que aún no tienen respuestas. Por ejemplo ¿Qué sucede cuando un sistema de inteligencia artificial se entrena en un conjunto de datos, y luego aplica aprendizajes a un nuevo conjunto de datos? ¿Quién es el propietario del resultado de los procesos de «pensamiento» de la IA?

Auditorias, controles, supervisiones han de ser habituales en este nuevo ecosistema digital. Y más si tenemos en cuenta el enorme riesgo de hacer usos, no solamente inadecuados frente al fin por el fueron diseñados los sistemas inteligentes, sino que algunos usos pueden ser potencialmente peligrosos. Igualmente, dentro del contexto que estamos hablando, deberíamos incorporar todos los mecanismos posibles para garantizar que la Inteligencia Artificial solo es utilizada para los fines para los cuales fue diseñada. Un diseño determinado no debería poder ser usado para otros fines por un tercero. El propósito debe mantenerse. Esta máxima afectaría tanto al comprador del propio diseño como al usuario final que no podría hacer un uso distinto al acordado.

Afortunadamente se ven signos de que la ética va ganando terreno en este nuevo ecosistema digital.

P.- Hay gente que celebra la eficiencia que pueden incorporar los robots y de ella ha surgido el debate sobre ponerles impuestos a los robots ¿es viable grabar económicamente algo porque vaya a ser más eficiente?

JB.- Se trata de un debate interesante que está encima de la mesa. Creo que hay mucho desconocimiento sobre este tema. Especialmente en nuestros políticos que son quienes regulan. Muchas veces parece que se tiene la idea de que va a producirse una sustitución de un trabajador y que va a ponerse en su lugar a un robot de forma humanoide y que, como tal, debería pagar impuestos. Pero las cosas no son así. No es tan sencillo.

Creo que lo de plantear poner impuestos a los robots es un tema anecdótico. A mí me surgen muchas más preguntas que van más allá de si tenemos que grabar con impuestos a esta nueva realidad o si se crean o se destruyen más puestos de trabajo. Lo que yo creo que es importante es que nos preguntemos qué tipo de sociedad queremos para el futuro y qué lugar debe ocupar la tecnología en ella.

La misma pregunta que me haces sobre si los robots deben pagar impuestos la puedo hacer yo sobre si nos deben pagar por el uso de nuestros datos. Es necesario que huyamos del cortoplacismo de si deben pagar impuestos o no y que centremos el debate en cómo enfocar un mundo donde la tecnología va a tomar un peso mucho mayor impactando en todo nuestro entorno.

P.- De los distintos temas que aborda sobre la transformación digital ¿en términos empresariales cuáles son los que más te desvelan de cara al futuro? Posibles amenazas y fracasos

JB.- El que más me preocupa es que no sepamos estar a la altura. Estas tecnologías han venido para quedarse y van a tener un impacto muy importante en nuestra vida. Las empresas deben ser conscientes de la oportunidad que tenemos pero también de los riesgos que podemos correr si no las usamos de una forma correcta. Lo decía antes, deberíamos incorporar todos los mecanismos posibles para garantizar que la Inteligencia Artificial solo es utilizada para los fines para los cuales fue diseñada. Creo que es muy importante que se incorpore este principio en toda organización que utilice la IA en sus estructuras.

Por otro lado, me parece muy preocupante la falta de control sobre el diseño de los propios algoritmos. Ya tenemos muchos ejemplos de incorporación de sesgos en el propio diseño. Creo que esto es algo a lo que debemos prestar mucha atención.

Y, finalmente, ser plenamente conscientes de los riesgos que podemos correr si en los procesos de toma de decisiones dejamos total autonomía a las «máquinas» sobre todo, y esto afecta directamente a RRHH, si esas decisiones pueden tener un impacto en juicios morales o éticos. Nunca deberíamos dejar en manos de un algoritmo las decisiones que puedan tener impacto en las personas sin un análisis previo nuestro.

EN PRIMERA PERSONA

Jesús Briones Delgado es profesor colaborador de desarrollo directivo en diversos másteres y universidades y profesor doctor asociado en la Universidad Antonio Nebrija de Madrid, Doctor en ciencias de la información en el programa «Problemas Contemporáneos de la Sociedad de la Información» del Instituto Universitario Ortega y Gasset de Madrid, es también licenciado en Filosofía y en Ciencias del Trabajo y Graduado Social Diplomado y MBA e-business por la Escuela de Organización Industrial (EOI).

Además de diversos artículos, publicó en 2016 el libro «Promesas y realidades de la revolución tecnológica» y ahora presenta su nuevo libro «La Humanización de la Era Digital. Cómo enfrentarnos a un mundo de algoritmos» en la editorial Catarata