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¿Qué hay fuera de nuestra burbuja?

Eduardo Irastorza

Profesor de EAE Business School

Capital Humano, Nº 355, Sección Crecimiento profesional / Tribuna, Julio 2020, Wolters Kluwer

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En breve tal vez podamos volver a nuestros habituales puestos de trabajo. Gobierno, instituciones, expertos y empresas están definiendo en estos momentos el nuevo escenario, aunque sus ideas no dejan de ser tentativas porque nos enfrentamos a una situación sin precedentes y con un horizonte poco claro. No obstante, hay algunos aspectos que ya se van perfilando como claves.

Ahora hay que elegir bien las preguntas que debemos hacernos y apuntar ideas operativas que serán clave en nuestra vuelta al trabajo, porque no se trata de un regreso de vacaciones o de una excedencia voluntaria, sino de algo mucho más serio. Vamos a volver a salir al mercado profesional y por tanto hemos de evaluar nuevamente nuestras capacidades y conocimientos, nuestras fortalezas y nuestro valor diferencial. La nueva realidad sólo va a permitir sobrevivir a los profesionales y las empresas eficientes. Sin embargo, la simple eficacia ya no será una garantía de futuro.

Tanto tiempo de aislamiento dejará una huella profunda en nuestra capacidad para relacionarnos con los demás, ya sean compañeros, clientes o proveedores. Tal vez seamos más intolerantes, menos receptivos, más literales, en definitiva, menos empáticos. Todos volveremos a oficinas, laboratorios o talleres con muchas ganas de hablar y pocas de escuchar. Sin embargo, saber escuchar seguirá siendo la clave para hacer bien nuestro trabajo, reconocer las necesidades e identificar las respuestas.

Cuando asomemos la cabeza de nuestra burbuja, el paisaje ante nosotros será desolador y es preciso prepararse. Adquirir nuevos conocimientos nos ayudará a reforzar la seguridad en nosotros mismos y a percibir conquistas, metas tangibles en un futuro en el que, al menos a corto plazo, no van a ser perceptibles.

Tanto tiempo de aislamiento dejará una huella profunda en nuestra capacidad para relacionarnos con los demás, ya sean compañeros, clientes o proveedores

Por otra parte, y aunque sea difícil de asumir, debemos estar preparados para trabajar mucho más por mucho menos. El paro se multiplicará y la máquina de hacer billetes de los gobiernos se pondrá en modo «full speed». Keynes resucitará en los presupuestos. Sin duda se va a plantear seriamente un debate sobre el modelo de estado y los partidarios de un decidido intervencionismo van a tener mucho de su parte. Quienes mantengan su puesto de trabajo, primero se sentirán afortunados, pero con el tiempo el sentimiento de agravio crecerá. Es imprescindible que las empresas desarrollen planes de formación, información, evaluación y recompensa capaces de mantener la motivación del mejor talento.

El futuro que nos espera estará poblado de profesionales autónomos que deberán aprender a gestionar sus vidas, su tiempo, a sacarle mucho más rendimiento y a la vez a conciliar su vida personal con el trabajo. La tecnología, ya lo hemos comprobado, no es la barrera para trabajar solo. Todos hemos adquirido una soltura inesperada en estas semanas.

Nuestras vidas, que hasta ahora pensábamos se movían en un horizonte de certidumbres, se han venido abajo: el trabajo, el nivel de vida, la jubilación, la sanidad… Todo esto se sostiene hoy con alfileres y es algo que nos provoca un enorme estrés. Sin embargo, el llamado «estado del bienestar», la seguridad, es un concepto moderno. La vida no ha sido segura para la humanidad durante siglos. ¿Quiere eso decir que hasta ahora las personas estaban superadas por el estrés, eran incapaces de disfrutar de nada ante un futuro incierto? Creo que no, basta con ir al museo del Prado y mirar sus cuadros. Simplemente, debemos aprender a vivir más intensamente el presente y pensar que nosotros debemos ser los verdaderos dueños de nuestro propio futuro.