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Relación persona-empresa: un nuevo comienzo

Xavier Hernández

Director de Consultoría, Selección y Gestión del Cambio en Montaner&Asociados

Capital Humano, Nº 356, Sección Relaciones laborales y prevención / Tribuna, Septiembre 2020, Wolters Kluwer

Portada

La relación persona-empresa ha cambiado. Todo empezó con la necesidad de conocer los hábitos de una generación que empezaba a romper los paradigmas establecidos. Me refiero a la generación «millennial». Este grupo ha sido el objeto de miles de estudios para averiguar cuáles son sus hábitos de compra, sus inquietudes personales, sus gustos y su relación con la empresa o, mejor dicho, con el trabajo.

Gracias a ellos descubrimos que había cambiado radicalmente la relación estrictamente transaccional vigente hasta ese momento. Una relación basada en horas dedicadas y salario recibido. Hay frases que aún pueden resonar en nuestros oídos: «Gana mucho dinero, pero es que trabaja mucho».

Descubrimos que son ellos quienes eligen el trabajo, los proyectos a los que dedicarse, las empresas que les aportan conocimiento y están alineadas con sus valores. Y esto va más allá de una mera transacción comercial de horas por euros.

Otro de los paradigmas que se han venido abajo es que el trabajo o la profesión es un modo de ganarse la vida. Por este motivo hay muchas personas que prefieren ajustar su nivel de vida a sus posibilidades económicas mientras puedan dedicarse a lo que realmente les motiva, les gusta y les satisface personalmente; y no a renunciar a eso por unos ingresos económicos que les permitan costearse un nivel superior.

El trasfondo de todo esto que estamos viendo y viviendo es que la empresa ya no es sólo un sitio al que se va para obtener unos ingresos económicos. A la empresa se le pide más, porque puede ofrecer más. Y no estoy hablando de dinero. Y tampoco estoy hablando de un entorno decorado con mucho gusto y con futbolines para conseguir una experiencia de empleado memorable. (Y menos hoy en día que se va a imponer en mayor o menor medida el trabajo en remoto, desde casa o desde una segunda residencia).

Entonces, ¿qué es lo que puede ofrecer una empresa? ¿qué tipo de relación puede establecer con sus personas?

Desde mi punto de vista y a partir de cientos de entrevistas en procesos de selección, en sesiones con Comités de Dirección y en acompañamientos Directivos, una empresa debe ser un entorno que favorezca el desarrollo de las personas en todas las perspectivas posibles, para que sea más sólida, más sostenible y tenga un mejor futuro.

Retroalimentación

La relación persona-empresa debe ser una retroalimentación transformacional.

La empresa como un entorno de impulso y desarrollo de sus personas y éstas como motor del desarrollo e impulso de la empresa en un contexto de cambio constante.

Alguien podrá ya estar pensando en los Planes de Carrera, en la Formación, en la Evaluación del Desempeño o incluso en la Gestión por Proyectos. Y eso está bien, realmente bien; la cuestión es que esas prácticas de gestión en el ámbito de Recursos Humanos están pensadas, creadas e implantadas desde un eje Top-Down. Es decir, desde la Dirección hacia sus equipos y personas. Y puede que nos encontremos con personas a las que en el momento en el que les puede llegar una promoción o una formación específica de futuro, no esté en el momento personal o profesional adecuado para aceptarlo y, si lo hace, probablemente no obtenga los resultados esperados.

Y, en muchas ocasiones, cuando estas personas se ven en un circuito que no controlan, optan por buscar alternativas fuera de la empresa. Siendo ésta una buena práctica. Decíamos que a las empresas se les pide más, porque pueden ofrecer más. Y la idea general es que las empresas deben crear los ecosistemas para que cada persona pueda decidir en qué momento se siente impulsada hacia un nuevo reto o hacia un nuevo aprendizaje, y pueda llevarlo a cabo.

Esta mirada (me atrevería a decir «revolucionaria») sobre la empresa no tiene por qué ser más compleja que todos los procesos y procedimientos que llevamos a cabo habitualmente en lo que le llamamos «Employee Journey». No estamos hablando de acabar con la Formación, ni con los Planes de Carrera ni con las Promociones Internas. Estamos hablando de aportar otra perspectiva a esas buenas prácticas; la perspectiva de las personas empleadas, la de los equipos.

La perspectiva, en definitiva, de usuario/a.

Pongamos un ejemplo no profesional: Un parque temático. No es lo mismo un parque temático en el que se debe seguir un circuito desde la entrada hasta la salida, que uno en el que, una vez dentro, podemos movernos libremente en función de lo que nos apetece en cada momento.

Probablemente en ambos casos pasemos un buen día en familia, pero sin duda regresaremos a aquél que nos ha permitido vivir la experiencia a nuestra manera. Y ¿cómo trasladar eso a un contexto empresarial? Evitando los circuitos y creando espacios.

¿Por qué deben hacerse las Evaluaciones de Desempeño en la fecha que fija la empresa y no cuando las personas se sienten con esa necesidad? ¿Por qué es la empresa la que induce una formación (o coaching) en lugar de dar libertad a esa persona para que decida qué recursos usar para su desarrollo?

Crear este ecosistema en la empresa implica poner las oportunidades y los recursos al alcance de quien los necesite y que se utilicen bajo demanda. No tienen por qué ser más recursos de los que ya disponga la empresa ni es imprescindible crear nuevas prácticas de RRHH; es simplemente poner a disposición, en lugar de conducir.

Este cambio de perspectiva tiene un impacto muy interesante; hace que cada persona sea responsable de su propio desarrollo y crecimiento. Damos responsabilidad y libertad de elección. Es cierto que no todas las empresas, por su actividad, pueden aplicarlo al 100%. La cuestión es que ese ecosistema que estamos definiendo se construye fundamentalmente por mentalidad y cultura.

  • Mentalidad y cultura de que las personas no son un recurso.
  • Mentalidad y cultura de que las personas no son un coste.
  • Mentalidad y cultura de que las personas no son estáticas.

Esta relación entre las personas y las empresas ha cambiado. Las personas aportan valor y, como las empresas, crecen y se desarrollan. Que todo lo que las personas empleadas en tu empresa pueden llegar a aportar se quede en casa depende de que se den las condiciones de éxito. Y la condición de éxito principal es que creas que es posible.